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Trujillo Beat

“Uno puede producir mil y un sonidos diferentes conforme baja la tecla”, Carlos Arancibia, pianista

Las cosas mal hechas no van con Carlos Arancibia. Cuando alguien le pregunta sobre cantidad en vez de calidad, les dice: “¿Qué cosa estás hablando?”.

El artista considera que estamos en una época donde el vender importa más y eso se convierte en algo antiartístico. No en vano, Carlos Arancibia es ganador del I Concurso Nacional Federico Chopin 2007 y ocupó el tercer lugar en el III Concurso Internacional Federico Chopin 2017.

Ha participado en festivales como The 9th Intensive Music Course and Festival “From Chopin to Gorecky” Sources and Inspirations 2008 en la ciudad de Varsovia-Polonia; 21th International Masterclass and Piano Festival Leonel Morales, el Festival de Piano de la Universidad de Florida; el Festival de Villefavard, en Limousin-Francia; recitales en diversas ciudades europeas, además tiene una maestría en la Universidad de Florida en Gainesville.

Actualmente, Carlos Arancibia es gestor del I Festival Nacional de Piano 2018 que se estará llevando a cabo del 27 al 30 de noviembre en el Teatro Municipal de Trujillo. Con esta labor, el pianista trujillano pretende reafirmar a la ciudad como la capital de la cultura.

El maestro Carlos Arancibia
Foto: Leticia Castañeda

Y de pronto, el sonido del piano se oye a unas cuantas casas de la cuadra cinco en la calle Cavero y Muñoz de la Urb. Las Quintanas. La música guía al estudio del maestro. Ahí, frente a su jardín rodeado de geranios, rosas, jazmines y cipreses, el maestro interpreta Intermezzo op.118 N° 2-Andante teneramente de Johannes Brahms.

Al ingresar a su estudio, se observan souvenirs de sus viajes a Estados Unidos y Europa. A su costado sostiene uno de los tantos piñones que encontraba en las calles de Gainesville en Florida y sobre su escritorio se encuentra esculpido el rostro de su ídolo Beethoven; un recuerdo traído desde la casa misma de este en Bonn, Alemania.

Entonces, empieza hablar de música y recuerda las palabras de Rachmaninoff. “La música es suficiente para una vida, pero una vida no es suficiente para la música”. Y comienza a zarandearse en su silla, coge sus libros de historia universal, cruza las piernas, se explaya y medita sonriendo. “Dicen que los artistas somos las personas más infelices porque estamos en la búsqueda del perfeccionamiento”.

Hasta que después de tanto reflexionar se sienta nuevamente al lado del piano, sonríe y empieza la charla.

El maestro tocando el piano en su estudio ubicado en Cavero y Muñoz, Urb. Las Quintanas.
Foto: Leticia Castañeda

Carlos, usted proviene de una familia de músicos. Anteriormente afirmó que gracias a su abuelo es músico. Coméntenos cómo fue esa primera experiencia que tuvo en el mundo musical.

Yo escucho música desde que era muy pequeño. Mi abuelo tocaba  el violín o estaba cantando. Siempre escuchaba música clásica en la casa, como Chopin, Beethoven.

Un día de verano,cuando tenía 5 ó 6 años, mi abuelo me pregunta si es que quería estudiar en el Conservatorio Carlos Valderrama y dije que sí (sonríe). Ahí comencé a estudiar, a tocar flauta dulce, aprendí a leer música y a los 7 empecé a  tocar piano. Estudié todo lo que es PEIM (Programa de Estudios de Iniciación Musical), aproximadamente diez años.

Luego teníamos un piano en casa y es donde comencé más seriamente a tocar este instrumento. Me decían que el régimen de estudio de un pianista era de 8 horas y yo estudiaba (risas). Escuchaba cassettes y cuando escuchaba a Chopin decía “eso quiero tocar”.

A los doce años empecé a tocar Chopin y a los trece años empecé a tocar Beethoven. Mi padre cuenta que cuando yo tenía ocho años decía: “Yo me voy a ir a estudiar música”.

El rostro esculpido de Beethoven, un recuerdo traído de Bonn, Alemania.
Foto: Leticia Castañeda

Y lo cumplió

Bueno sí. A los 16 años me fui a Lima a estudiar música. Luego me fui al extranjero y ahora estoy un año en Trujillo. Fue un poco radical venirme a Trujillo porque estaba radicando en Lima por muchos años y tuve el apoyo de un gran amigo que es el que me dio este piano. Me dijo “llévate el piano y vete a Trujillo a hacer obra”.

Se llama Arturo Hinostroza, es un gran amigo que siempre me apoya; siempre ha querido estar en incógnito, ahora me va matar por decir su nombre (risas).

Retornando a su niñez ¿qué recuerda de su abuelo?

El me llevaba a todos lados (risas). No se despegaba de mí. Yo iba con él al conservatorio, iba a natación; a veces me recogía del colegio y me tenía estudiando. Cuando no estaba tocando piano, estábamos con el acordeón, después me consiguió un teclado. Todo eso hacía mi abuelo para que estudie; en el camino íbamos repasando inglés, todos los números en inglés, frases en inglés. Él estaba en ese tiempo jubilado y digamos que yo era su trabajo.

Yo era muy hiperactivo, entonces la solución fue meterme en la natación y el piano. Era un niño terrible. Yo no me acuerdo muy bien pero dicen que saltaba, brincaba, no me cansaba y la forma de controlarme era meterme a la natación y al piano (risas).

Uno de mis problemas que tenía con mis profesores cuando estudiaba en Lima es que yo era muy hiperactivo. Esto lo he ido mejorando y madurando con los años.

Hasta ahora es muy hiperactivo

Sí hasta ahora. Voy al gimnasio, toco seis a ocho horas de piano, enseño a mis alumnos y sin esa energía extra que me ha dado la vida creo que no pudiera hacer todo lo que hago.

Han hecho que logre concentrarse

Claro, me han sabido formar. Después aprendí técnicas para tocar en público; hay que estar muy concentrados porque los recitales duran de una hora a hora y media. Cuando se te nubla todo y estas en el escenario, fuiste.

¿A usted le ha pasado?

No, yo he sido medio canchero desde pequeño pero sí he tenido momentos en decir “uy, qué viene ahora”. Es requerimiento indispensable como pianista tocar todo de memoria; tocar sin partitura quiere decir que todo esto está en mi cabeza y es parte de mi ser. Pienso en un lugar cómodo.

¿Y cuál es ese lugar cómodo que se le viene a la mente?

Huanchaco, pienso en el mar.

Más allá del horizonte

Exactamente, pienso también en un paisaje en las montañas. Nuestra mente es nuestra detractora.

Todos tenemos un momento decisivo en nuestra vida en el cual decidimos qué hacer con ella. En su caso ¿cuál fue ese momento?

A los diez años recuerdo que caminaba con mis abuelos en el parque. Estábamos camino al conservatorio y les dije: — “Creo que me he vuelto adicto”. Y yo inocente — “Creo que me vuelto drogadicto”—“¿Cómo que drogadicto?” — “Sí, al piano” — “Pero eso no está mal, está muy bien”. Y ahí me di cuenta que no podía dejarlo, no me imaginaba dejarlo, porque a veces a esa edad te comienzan a decir que vas a estudiar y para mí era muy complicado dejar esto. Ha sido bien natural el proceso de estudiar música.

Posteriormente se fue a estudiar a Lima y conoció a maestros que le impulsaron en este mundo como Carmen Escobedo ¿Cuáles son esas principales lecciones que aprendió como pianista?

Bueno, Carmen es una excelente y maravillosa pianista. Realmente desde el primer día de clases yo la admiré muchísimo porque tocaba todo lo que yo tocaba y lo tocaba mejor que yo y lo tocaba increíblemente bien.

Lo primero que hice es tratar de imitarla, poder tener su sonido, recuerdo. A veces uno piensa que el piano es trabajar la tecla (toca la tecla), pero no es solo trabajar la tecla; uno puede producir mil y un sonidos diferentes conforme uno baja la tecla. Y fue con Carmen justamente tras escucharla que descubrí este mundo sonoro que había detrás de este instrumento.

Tras haber terminado el conservatorio aprendí a tocar técnicas más desarrolladas con Chuquisengo y ya luego las desarrollé más en mis estudios en Estados Unidos.

Pero antes participó en un festival. Coméntanos como fue esta experiencia que le sirvió para su vida.

Lo que pasa es que yo cuando terminé mis estudios en el conservatorio. Carmen, Elena, incluso Juan José Chuquisengo me decían “tú tienes que salir ya. No te puedes quedar, tienes que seguir estudiando”.

En el 2014 empecé a enviar videos y tuve la invitación del pianista Kevin Robert Orr en la Universidad de Florida y estudié con maestros muy famosos. Tuve la oportunidad de ver otro mundo, pude estudiar mucho la escuela americana y estoy interesado en desarrollar la técnica rusa.

En este festival recibí la beca, fui profesor de la universidad durante dos años, fui profesor de artistas que no eran pianistas pero tenían que aprender piano, fui pianista de la ópera de la universidad, pianista de coro femenino, acompañaba a cantantes. Fue una muy bonita experiencia y eso me permitía tener mis estudios gratis. Además me daban un estipendio mensual y en las vacaciones podía venir a Perú.

Foto: Leticia Castañeda

¡Y cómo era ese ritmo?

Al principio duro, porque todo es en inglés, pero son muy buenas personas. Me tuvieron mucha paciencia para mejorar en inglés, llegaba a casa muy extenuado. Otra cosa que aprendí mucho de la maestría es a expresarme bien, a escribir bien. A pesar que aprendí mucho inglés, aprendí mucho castellano gracias al inglés. Uno se da cuenta que primero uno piensa, luego escribe. Lo que me enseñó mucho la maestría es aprender a pensar, luego ordenar las ideas y aprender a expresarlas.

También ha estado en Francia

Sí, porque en esto de mi búsqueda tuve la oportunidad de conocer al pianista francés Jean-Louis Haguenauer que me invitó a participar en el festival La Ferme de Villefavard Summer Academy 2014 en Limousin. Ahí interpreté la Balada N°. 2  Si menor, S.171 de Franz Liszt, que es también con la que abriré el recital este 30 de noviembre.

He tenido profesores americanos, rusos, franceses, italianos, polacos como Regina Smendzianka, una de las mejores maestras que he conocido.

Esa diferencia abismal que usted ha podido experimentar entre Perú y Europa ¿Qué gestiones considera que se deberían incentivar en nuestra ciudad para promover mayor participación cultural tanto para entidades públicas como privadas?

No es nada fácil pero creo que hay que pensar siempre en largo. Primero tenemos que agenciarnos en poder traer maestros. Hay que tener la disposición de aceptar que nos falta todo esto para lograrlo.

Otra cosa que me decía mucho Elena, mi maestra en Lima, es: “Saber dónde estás ahora, dónde estuviste antes y dónde tienes que estar mañana”. En qué momento de tu desarrollo estás y ser honesto contigo mismo.

Con este festival se está trayendo gente de todo el Perú, de diferentes edades, ciudades y niveles para que se encuentren.

Sobre todo traer calidad

Exacto y darse cuenta que también pueden llegar a ello estudiando. Dar calidad porque estamos acostumbrados a la cantidad.

Yo creo que se tiene que educar a la gente porque es importante la música, el arte y la historia. En un momento se decía música culta a la música clásica, que en cierta forma suena algo peyorativo. Hay que tener cierto grado de cultura para poder entender cada época y la capacidad de poner atención durante tanto tiempo.

Además de entender la personalidad de los músicos. Por ejemplo Chopin era melancólico.

Chopin era más nostálgico que melancólico. La melancolía es un estado de tristeza que se queda en eso, la nostalgia hace que la tristeza se sublime en algo más grande. Entonces, Chopin, Liszt, son diferentes, pero Liszt siempre tiene un programa detrás que hay que conocerlo, pero en realidad hay que entender la época.

Y todos esos conocimientos le han permitido participar en diversos festivales, ganar concursos. ¿Cómo  logra esa conexión para poder transportar al público?

Ser expresivo. Es muy importante poder comunicar al público. Yo creo que la mejor forma de poder comunicar al público es poder expresar, primero sintiendo muy intensamente lo que uno tiene. Yo, cuando tengo que tocar al público, les digo a mis alumnos que lancen todo lo que tengan en el escenario. Hay algo mágico que hace que alguien logre emanar algo y cree ese círculo especial.

Es importante que la gente que escuche también se ponga en esa sintonía. Ir a un concierto e ir con el corazón abierto, la mente abierta y los cinco sentidos dispuestos a dejarse llevar por un pianista. Es responsabilidad del pianista dejar todo en el escenario. A veces, por pensar tanto en querer tocar perfecto, uno no expresa. La vanidad es enemigo del arte y la música. Hay que pensar siempre al tocar que el fin último es expresar, comunicar, dar a entender lo que hay detrás de la obra.

¿El silencio también es música?

Por supuesto, el silencio muchas veces dice mucho más que la música. Por ejemplo, Liszt usa grandes silencios entre una parte y otra. Las escenas más difíciles para los actores es la del silencio, uno no tiene que decir nada, solo mirarse y decir todo. Igual en la música, diez, quince segundos de silencio. Ese silencio causa mucha más tensión que el mismo sonido y tienes que hacer desear por lo que va a pasar. Incluso en el piano hay algo que se llama el color de la música, es la parte abstracta de la música y pues ese color me lo mencionó Regina Smendzianka y se consigue a través del tiempo.

Los pianistas son por lo general personas solitarias. Usted alguna vez comentó que los buenos músicos también tienen que ser buenas personas. ¿Cuál es la cualidad principal del artista?

Es importante ser una persona sólida porque da lo que es. Lo que más da miedo de tocar en público es que uno se desnuda frente a este. Uno toca como es y uno tiene miedo de eso, creo que ese es el mayor temor de un artista cuando toca en público; que se desnuda totalmente porque muestras todo tu interior, tus sentimientos y emociones.

La maestra Carmen Escobedo comentó en una entrevista que “lo importante es hacer lo que a uno le gusta”. Otra de tus facetas aparte de ser pianista es ser maestro y practicar natación.

Pues es una formación integral. No solamente es música, también el cuerpo, mente sana cuerpo sano, es una educación integral, pues estar sentado tantas horas tocando piano no es tan saludable e incluso hacer deporte ayuda mucho a la postura.

Cuando uno hace lo que hace a veces ni lo siente. Uno debe hacer lo que le gusta porque solo tenemos una vida y no podemos pasarnos una vida haciendo lo que no nos gusta.

El pianista James Rhodes, mencionó que la música alguna vez le salvó la vida. ¿En su caso considera que la música le ha salvado de algún cataclismo en su vida?

Por supuesto. Mis cataclismos interiores, mis cataclismos familiares. La música es con lo que logras ser tú mismo, con lo que logras canalizar todas las cosas humanas que puedas tener y expresarlas a través de los sonidos.

¿Usted considera que la música reggaetón aporta a la cultura musical?

No diría que aporta, personalmente es muy pobre.

Sobre todo el sentido de la letra

Sí, pero por otro lado hablando del aporte cultural que tiene esta música. La letra no tiene mucho que decir, de verdad es degradante hacia la mujer y uno mismo. Yo no creo que el reggaetón aporte al ser humano.

Para finalizar, Chopin decía que la vida es una inmensa disonancia. ¿Cree que a través de la música su vida ha cobrado mayor sentido?

Claro. La música es una forma de vida, es una forma de expresarme a otros a través de los sonidos y poder dar mensajes elevados que te lleven a otro lugar.

Entrevista de nuestra colaboradora Carmen Vásquez Uriol. Fotos: Leticia Castañeda

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