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“Una vocación sanguínea, no la he tenido. Soy un escritor de facto”, Enrique Prochazka, novelista y cuentista nacional

El destacado escritor nacional, Enrique Prochazka, presentó una nueva edición de su libro de relatos “Un único desierto” (Seix Barral) en la 7ma Feria Internacional de Libro de Trujillo FILT 2018.

Enrique Prochazka es cuentista, novelista y docente. Entre sus obras más conocidas se encuentran la obra “Casa” considerada la mejor novela del año 2004, además del libro “Cuarenta silabas, catorce palabras”.

“Un único desierto”, libro de cuentos, se basa en ideas que escuchó a sus docentes en los años universitarios. ¿Qué puede dilucidar sobre ello?

Desde adolescente he escrito lo que quería que sea ciencia ficción para ampliar ideas que me iban ocurriendo o que tenían amigos míos, porque me resultaba fácil darle forma a una idea y convertirla en párrafos; esa era una habilidad que no sabía que la poseía y creía que todo el mundo la tenía; por alguna fortuna lo había podido desarrollar. De tercero de secundaria en adelante he llenado cuadernos de experiencias de escribir lo que me viniera en gana; sin querer, eso se constituyó en un taller de escritura. Si hubiera querido ser escritor me habría inscrito en un taller literario, pero nunca lo hice.

Durante diez o quince años que estuve en aulas de clase he escrito mucho, y las ideas que los profesores iban exponiendo en clase eran cada vez más complejas, más interesantes, más llenas de conexiones unas con otras; las historias que iban surgiendo en mis cuadernos sobre ello, cada vez eran más ricas; en ellas se podía profundizar, en ellas los personajes requerían tener algún tipo de carácter y de desarrollo… y sin querer esos textos se empezaron a convertir en cuentos.

En la mayoría de estas historias los personajes se suicidan. ¿Por qué determinó esto para los cuentos de “Un único desierto”?

No lo sé, no lo quise. Este libro no nació orgánicamente, constituye un todo orgánico pero a posteriori, yo no lo diseñé así. A medida que iba escribiendo me encontraba con que muchas veces no sabía cómo culminar un cuento; si de manera dramática terminar el cuento con la muerte del protagonista o la insinuación de la muerte del protagonista. En el cuento lo que sí se plasma es que el personaje se propuso dejar de comer y murió; por eso digo que una porción grande de los personajes se suicidan.

¿Cuánto tiempo le llevó construir el libro?

El primer cuento que figura en “Un único desierto” en la antigüedad se llama Taylor y data del verano de 1980. Yo me había enamorado de la idea de volar y confeccioné un ala delta, con aluminio, plástico y otros objetos; mi padre me ayudó a elaborarlo y ya hecho me lancé de una casa en Pueblo Libre frente a un parque; me estrellé y me hice mucho daño a la cadera; debido a ello anduve cojeando durante algún tiempo, y dije este es un cuento, voy a voltear esta experiencia.

Por aquella época leía el Orlando furioso y decidí tomar algunos elementos que están en este libro como la magia, el espejo velados con piel de murciélago, y se me ocurrió hacer algo a la manera de la Noche boca arriba de Cortázar, de diferentes realidades. El cuento Taylor es una escala geométricamente precisa. Tuve 19 años cuando hice ello.

¿Tenía por esos años ya la vocación por la narrativa?

Sí se entiende por vocación es que alguien te está llamado, pues en ese tiempo nadie me estaba llamando; yo no tenía una vocación de escritor, sino tenía la capacidad de poner cosas por escrito, mientras más complejas mejor. La verdad que disfrutaba de esa habilidad. Me interesaban otras cosas más diferentes que la literatura. Nunca he sido un lector de grandes ficciones, en algún momento me dediqué a leer pero ya no, casi no leo ficciones, leo ensayos. Paso una o dos horas diarias en Wikipedia, lo uso para hallar citas al pie en las publicaciones, referencias; termino averiguando por ejemplo: edades de las rocas en la Antártida o las últimas bacterias que se han encontrado en un vaso de leche en Turquía, eso es lo que yo hago. Tengo una voracidad enciclopédica por aprender cosas nuevas.

¿Estos últimos temas que refiere le han servido como aporte para sus obras?

Es inescapable, esos temas te salen por algún lado.

Respecto a su libro, “Un único desierto”es la tercera edición tengo entendido. ¿Qué opina sobre ello?

Exacto, es la tercera edición, de la editorial Seix Barral y recoge todo los textos que Ediciones Matalamanga pidió para la segunda edición. La segunda edición se hizo con un estudio critico de Gustavo Faveron que lo hemos repetido en esta edición y un largo texto escrito por el autor español Enrique Vila Matas que estaba muy sorprendido con mi obra “Casa” y luego con “Un único desierto”.

Justamente hablando sobre su libro “Casa”, fue considerada una de las mejores novelas del 2004. ¿Cuál es su punto de vista sobre esta novela?

Fue una experiencia estética, cuidé mucho el lenguaje, me ocupé mucho de cada palabra.

¿Por qué elegir a un arquitecto famoso para que sea protagonista de su novela “Casa”?

No elegí primero al arquitecto, sino a la casa. Todo había comenzado con una casa que yo había diseñado, quería acercarme a la idea de una casa tramposa, y una casa que tiene un centro al cual no se puede entrar, es un laberinto como lo borgiano; luego se me ocurrió que el minotauro que está en esa casa es su propio arquitecto que no sabía dónde estaba, y de allí surge la idea.

Se sabe también que en esta novela el protagonista se  despierta un día y no recuerda lo que le ocurrió los últimos 15 años. ¿Por qué quiso hace esto en su novela?

Es una amnesia retrógrada, puede formar nuevos recuerdos pero tiene hueco en su historia.

¿Por qué quiso tocar ese tema de la amnesia en su novela? ¿Tiene algún significado para usted?

Aquellos años en la universidad nos habían enseñado sobre la perspectiva de Heidegger de que en realidad no tenemos miedo a la muerte, tenemos miedo a perder la memoria, cuando uno muere si tú te mueres: pero te vas a seguir acordando para siempre de quien eras, el problema no es tan grave; pero incluso, si no mueres, sigues con vida pero si mañana te dicen, vas a perder por completo quien eras, eso es más parecido y cercano a la muerte; entonces esa idea, de una clase de filosofía, se traslada y empieza a crecer párrafo tras párrafo en una historia sobre la amnesia y la identidad personal.

Otro libro también bien conocido sobre usted es “Cuarenta sílabas, catorce palabras”, donde se centra en la velocidad de una sociedad muy cambiante. ¿Qué puede decir sobre ello?

Así es, este libro tiene un cuento donde los cambios sacuden a la gente en una sociedad y le malogran el buen humor. Este libro tiene dos partes y es la alusión a un cuento de Borges en la que el personaje principal descubre que hay un lenguaje secreto en la piel de los jaguares.

Este sí es un libro diseñado bajo una estructura, lo voy a hacer sobre búsquedas de claves; entonces tienes entre los relatos a un profesor de Historia que tiene una alumna con quien tiene una relación tan personal, tan extensa, parece que surgieran algo entre ellos, pero sucede que los dos no viven en el mismo tiempo, él vive en el futuro y sabe cosas a un nivel casi divino; él le da las claves a ella y a la vez obtiene de ella las claves para hacer un mejor entendimiento del universo en que están viviendo.

¿Considera haber sido influido por Borges?

Sí, por Borges; pero también por todos los que influyeron a Borges como Homero, Schopenhauer, entre otros, todos los cuales también han sido parte de mi biblioteca.

Le manifestaba ello porque se plasman de forma continua los temas del tiempo y las claves en sus obras.

Sin lugar a dudas, como por ejemplo en una historia de las pirámides, cuento borgiano y también en varios relatos de Cortázar como en La noche boca arriba. Allí tenemos también una tradición de jugadores latinoamericanos con el lenguaje, como el mismo Augusto Monterroso u Oliverio Girondo. En Ribeyro, por ejemplo, hay aspectos que son admirables, relativos a la metafísica, son cosas en una textura camusiana donde te están diciendo la vida, tiene sentidos que no sospechamos pero tenemos que descubrirlo, y yo creo que eso también está en mi obra.

La critica ha dicho que el libro es borgiano como un facilismo, porque ser borgiano es ser un autor universal.

¿Que significa la literatura para usted, es decir ser un escritor?

He sido varias cosas en la vida, y lo que estaba más cerca del centro de mis habilidades era ser papá y ese papá para ganarse a la vida tenía que hacer fotografía, pasarela entre otros trabajos; pero he terminado por hacer lo que más me esforcé que es, servicio publico. Luego de ello dije, me voy a concentrar en escribir y eso es un coletazo final de una vida laboral muy accidentada. Una vocación sanguínea no la he tenido. Soy un escritor de facto.

¿En qué proyectos literarios viene trabajando actualmente?

Estoy trabajando en una novela muy grande, además de un libro de cuentos terminado y tengo el diseño de una novela que espero sea el cierre de mi obra literaria, no quiero escribir mucho más

¿Seguirá con la senda del tiempo, las claves, el universo en sí?

Sin duda, es lo que me provoca hacer aunque mi novela que publicaré pronto sucede en el Perú, en Cusco y en un entorno sumamente contemporáneo.

 

Entrevista de nuestro colaborador Guillermo Salvador Saldarriaga

Fotos: Anthony Ibáñez Carranza

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