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Carolina Burgos Bustamante
Trujillo Beat

«Hay talentos que se pierden por no ser constantes, hay que ser disciplinados, entregarlo todo», Carolina Burgos Bustamante, bailarina profesional

Carolina Burgos Bustamante es una trujillana que ha dedicado más de 23 años de su vida al ballet; primero aprendió a bailarlo y ahora comparte la pasión por este arte con sus estudiantes. Es bailarina de la Compañía de Ballet Municipal de Trujillo desde el 2009 y aspira a crear su propia academia de ballet en nuestra ciudad.

Siente Trujillo: ¿Qué significa el ballet para usted?

Carolina burgos Bustamente: El ballet para mí abarca mucho: emociones, calma, atención, adrenalina y pasión. El ballet es mi mundo, vengo realizándolo desde hace 23 años, cuando llevé mi primera clase de ballet. Realicé ocho años de estudios y llevo 15 años ejerciendo el ballet profesionalmente. Es un trabajo constante.

¿Desde que edad empezó a bailar?

Desde los diez años, cuando pisé por primera vez el Teatro Municipal. Era una niña y me tocó llevar clases con el maestro Daniel Santos; en ese momento no sabía que sería bailarina de ballet. Desde pequeña mis padres me inculcaron acerca del arte, pues están ligados a ello. Mi mamá hizo teatro, mi papá amaba la música y la poesía. Así, terminé mis ocho años de estudios y poco a poco le fui cogiendo gusto al ballet, pues mientras más lo conoces, más lo amas. Me sumergí en el ballet y no salí.

¿Qué es lo mejor y lo peor que le ha dejado el ballet?

Lo mejor que me ha dado el ballet son las grandes experiencias; también amigos que he conocido en giras, en festivales que se realizaron aquí en Trujillo. La experiencia que te da pararte en el escenario, las sensaciones que vives son fabulosas; pienso que me va a doler el día que deje los escenarios. Lo peor que me ha dejado el ballet, que es parte de, son las lesiones; los bailarines debemos recuperarnos en terapia, eso es lo costoso de la carrera.

¿Este problema de las lesiones es bastante doloroso?

En el momento en que te que lesionas es muy doloroso y lo costoso viene después, la recuperación. Un bailarín lesionado tiene que descansar meses, no puede hacer una clase, tiene que recuperarse, hacer sus terapias y eso es costoso.

¿Sus padres la apoyaron para realizar este recorrido en el ballet?

Mi mamá Alicia Bustamante y mi papá Raúl Burgos, siempre han sido una fuente de apoyo, un impulso bastante fuerte, sobre todo mi mamá era el empuje. El ballet lleva mucha disciplina y cuando eres joven coge la etapa que quieres ir con tus amigas, relajarte y mi mamá era la que me decía, tienes una responsabilidad que cumplir, ella no me dejaba decaer.

¿Su mamá fue exigente?

Mi mamá era exigente hasta cierto punto, ella siempre ha dejado que tome mis decisiones; pero si podía poner un granito de arena para ayudarme a ser responsable, lo hacía. Ella ha estado pendiente de mi formación y luego mi hermano también hizo ballet, mis padres no tuvieron objeción de que practicara este arte. Mi mamá siempre ha estado encaminándonos, vigilando de cerca nuestros pasos.

¿Y su papá como aportó a su desarrollo como bailarina?

Él nos hablaba mucho, resaltaba la importancia que tiene el arte; no solamente al absorberlo, sino también al ejercerlo, hablaba de la disciplina que conlleva. Él era un amante del arte en muchos sentidos y en cada función que había, mis padres estaban presentes.

Estudió en la Escuela de Ballet Municipal, ¿qué experiencias recuerda de esa época?

Fue una bonita época, tuve como primer maestro a Daniel Santos, un excelente maestro de nacionalidad cubana; tuve a diferentes profesores, entre ellos a: Mercy Delgado, Vannesa Saso, la misma maestra Stella Puga y Eusebio Rabines, que es primer bailarín en el Ministerio de Cultura y las experiencias son demasiadas. Tengo amigas que ya son profesionales y con la Compañía de Ballet fuimos a giras y viajes, pero en la Escuela había reglas que cumplir. Son exigentes y no te dejan pasar nada, desde la puntualidad, la indumentaria, tienes que ir bien vestida, limpia, peinada, etc.

¿Por qué se le exige tanto en su indumentaria a una bailarina de ballet?

Pues lo que se trabaja en el ballet son los músculos, entonces lo más cercano a trabajar desnudo es usar unas mallas ceñidas al cuerpo. El maestro tiene que ver cada músculo que viene trabajando la bailarina para que pueda corregir. Mientras que el cabello recogido es para que no se venga hacia adelante y moleste durante los pasos y giros que se realizan.

¿Cuál es la presentación que más recuerda?

Tengo varias en realidad, pero me gustó mucho la experiencia que tuve al interpretar el rol de María Magdalena en Jesucristo Superstar, una representación que se da desde el 2017. Es un papel tan rico, temperamental y como este hay otros que han sido exigentes y me gustaron; por ejemplo, para el Lago de los Cisnes los ensayos fueron arduos y también el rol de la Bella durmiente, que lleva seriedad al expresarlo y mucha fuerza al ejercerlo.

¿Cuánto tiempo se prepara una bailarina para realizar estas presentaciones?

Para cada presentación, cuando son producciones grandes, por lo menos tres meses y cuando son funciones chicas, como conciertos, nos preparamos un mes, con ensayos continuos diarios. Allí participan profesionales, primero se deben llevar los ocho años de estudios.

Carolina Burgos Bustamante

¿Así de exigente es esta disciplina?

Es más exigente de lo que se ve, muchas mamis me dicen, «profesora mi hija quiere ser bailarina, ¿la ve? y se para en puntillas y quiere bailar». También tengo una prima que al verme en el escenario quería bailar, ingresó al ballet, estuvo dos semanas y nunca más volvió. El ballet tiene un avance lento, por eso hay que ser constante, una clase tal vez sea la misma que la del día anterior, pues los pasos se tienen que perfeccionar… el arte busca la perfección y busca expresar.

¿Qué debe tener presente una persona que quiere seguir el ballet?

Que el ballet es una disciplina exigente, así como es bonito apreciarlo, también hay que ser constante, porque como en toda disciplina, uno se aburre de las exigencias y opta por desertar, eso no te permite avanzar. Hay talentos que se pierden por no ser constantes, hay que ser disciplinados, entregarlo todo, pues mañana vas a repetirlo.

Además, debes tener en cuenta que tus maestros van a ser como unos segundos padres y debes escucharlos, pues el maestro te puede dar una corrección hoy y sino la asimilas y mañana vuelves a cometer el mismo error, no avanzas. Hay que admitir errores y modificarlos, para que al día siguiente podamos modificar otros errores.

¿Qué recuerda de sus maestros de ballet?

Te voy a hablar de la maestra Stella Puga, ella ha sido Directora de la Escuela y de la Compañía de Ballet Municipal; es una buena persona y también es exigente. Ella me dio una beca para estudiar, en ocasiones me dio hasta la indumentaria para que no deje el ballet. Gracias a la maestra Stella Puga y al maestro Daniel Santos mi hermano ingresó a un concurso de ballet aquí en Trujillo y se fue becado a estudiar a Cuba.

Tuve mucha suerte de tener a mis maestros Stella Puga y Daniel Santos y puedo mencionar también a Eusebio Rabines, quien ha sido un gran amigo, desde pequeña me ha ayudado, estuvo pendiente de mis pasos. Puedo mencionar a ellos tres como mis mejores maestros. Eusebio Rabines ahora trabaja conmigo en el Ministerio de Cultura, fue mi profesor y actualmente es mi compañero de trabajo, hemos hecho representaciones juntos, me encanta trabajar con él.

¿Qué recuerdos tiene de su primer profesor?

Hablar del maestro Daniel Santos toca mi corazón, para muchos era una persona difícil, me incluyo pues a veces lo era. En el salón era exigente, si podía dar su sangre en la clase, la daba, pero en el momento del descanso era tu amigo. Me hablaba a veces de una manera muy cruda, tenía que verme practicando, decía que veía actitudes en mí, me decía «sentada no vas hacer nada, párate y trabaja».

Experiencias miles, sus ocurrencias, enseñanzas, frases, hasta que lamentablemente el maestro Daniel Santos debido a la diabetes falleció. Él ha sido maestro de bailarines profesionales que se encuentran en el extranjero, él hizo ese semillero, hizo bailarines de exportación.

¿Dicta clases?

Dicto clases en los cursos de verano del Centro Cultural Constante Traverso, los lunes, miércoles y viernes; además dicto clases los martes y jueves en la Escuela Superior de Arte Dramático, son lecciones dirigidas a niñas pequeñas y de nivel intermedio.

¿Cuánto tiempo lleva enseñando ballet?

Llevo nueve años dictando clases, trabajando con niños, y es una experiencia fabulosa. Encuentras talentos, también fui parte de un proyecto denominado Latinoamérica Pro Niñez, donde trabajaba con niños de escasos recursos, les daba clases de arte y ballet a niños de los sectores El Trópico y Ramón Castilla. Desde mi experiencia como profesora, te puedo decir que en estas zonas hay talento, sin embargo, el apoyo es fundamental pues el talento allí se pierde. Les digo a las mamis que ellas tienen que ser el empuje, pues las niñas no van a decidir qué días van a tomar clases, tienen que ser ellas.

¿Qué la motivó a enseñar lo aprendido?

Primero veía a mis maestros que dictaban clases, siempre me gusto su manera de enseñar y el trato que nos daban, por ejemplo, en el caso de Eusebio Rabines, él siempre nos trató con respeto y eso es importante. Cuando ya te sientes preparado puedes dictar una clase. Ojo, que no todo bailarín termina siendo maestro, el ser maestro es una carrera aparte, tienes que prepararte, debes tener vocación y ser igual de exigente al bailar y al ganar conocimientos, para que puedas dar una enseñanza de calidad.

En realidad, el ballet es estricto, por eso tienes que amarlo y allí los maestros entran a tallar; por ejemplo, mis maestros Daniel Salas, Stella Puga me hablaban bajo su conocimiento y me enamoré de eso.

Me gusta el ballet, pero se presentaron días tediosos, tenía dudas, me interrogaba «¿de verdad esto es para mí?», y allí entraron a tallar mis maestros y mis padres. Me dijeron «sí puedes, del arte sí se puede vivir», me animaron a continuar.

¿Las clases que llevan en ballet son totalmente prácticas, no llevan teoría?

En ballet primero se aprende lo práctico y en nuestro caso, la maestra Stella Puga invitaba a su casa a un grupo de alumnos que decidió formar y nos facilitaba los libros, nos enseñaba la metodología cubana que ella siempre usa, nos dio orientación acerca de cómo llevar una clase, nos daba clases de historia de danza y del arte. Ella nos hablaba mucho, sin embargo, eso era aparte, no era durante los horarios de la Compañía, en los que practicábamos.

¿En algún momento pensó dejar el ballet?

Sí, sucedió en la adolescencia, en los momentos que tuve incertidumbre y no sabía qué rumbo seguir. Me gusta el ballet, pero se presentaron días tediosos, tenía dudas, me interrogaba «¿de verdad esto es para mí?», y allí entraron a tallar mis maestros y mis padres. Me dijeron «sí puedes, del arte sí se puede vivir», me animaron a continuar. Llega un momento en que piensas «¿Qué sacaré de bueno aquí?», pero llegó mi oportunidad, me presenté en el Ministerio de Cultura, concursé a una plaza del Estado y la gané. Estoy contratada por la Compañía de Ballet del Ministerio de Cultura, tengo una plaza de bailarina solista desde el 2009 y mi trabajo consta de cinco horas y media diarias; en ellas dictamos clase y nuestros ensayos son todos los días.

¿Como era un trabajo artístico pensó que no podía traer beneficios económicos en un futuro, o por qué llegó esa situación?

Fueron muchas cosas, entre ellas lo económico, pues hasta esa fecha no había el apoyo del Estado que hay ahora. No sabía si iba a tener futuro en el ballet. Mi meta era irme al extranjero, sí fui llamada por las compañías de Lima, sin embargo, por diversos motivos no pude tomar los contratos, pero me llegó la oportunidad aquí. Cuando eres joven no conoces la exigencia que lleva el ballet, la ves sobrenatural, realizas ejercicios que son muy fuertes, pero allí está la constancia. Cuando uno quiere abandonar, tu disciplina no te deja.

¿Considera que las autoridades de nuestro país aportan al ballet?

Creo que ahora más que antes, pero seguimos en la lucha para que aporten más. Estamos en la lucha de la Ley del Artista, el artista no puede laborar ocho horas como un empleado de oficina, pues el arte es otro tipo de trabajo, trae otras exigencias.

El desarrollo de esta disciplina son ocho años; ¿considera que en el Perú se da el peso justo a un bailarín tanto como el que se le da a otros profesionales?

El ballet ya es una carrera profesional, al bailarín ya se le está considerando más que antes; sin embargo, es una lucha constante, hay compañías profesionales. Por ejemplo, nosotros trabajamos para el Estado, en Lima también hay una Compañía de Ballet del Ministerio de Cultura y el Estado financia eso pues hay un presupuesto para cultura que se debe invertir, en ballet, folclore, en la Orquesta Sinfónica, etc.

¿Qué proyectos se vienen para usted?

Mi sueño es tener mi academia de ballet, poder seguir cultivando en las niñas el amor hacia el arte y que se lleve el formato del Ballet Nacional de Cuba. Allá los estudiantes tienen un internado, van a sus clases del colegio y luego a clases de ballet; ven el arte como una disciplina más que deben cumplir. Además, quiero seguir especializándome, tomo cursos cada vez que puedo, cuando son cursos fuera del Perú los llevo por Internet.

¿En sus tiempos libres qué realiza?

Diferentes cosas, me dedico a mi casa, tengo dos hijos, también me doy mi tiempo para leer, me gusta mucho la literatura; ahora tengo menos tiempo que antes, pero igual leo. Me gusta jugar con mis hijos, sobre todo con mi pequeña, pues es la que demanda más tiempo.

¿Su hija quiere seguir el ballet?

Sí. Sinceramente, todavía no le estoy metiendo esa chispa de que ingrese al ballet pues es pequeña, pero le hago escuchar música clásica y baila libre en casa y es feliz, le encanta el Vals de las Flores de Chaikovsky, esa música para ella es la más hermosa que puede existir y la escucha casi a diario.

Entrevista de nuestra colaboradora Ana Tongo Ramírez

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