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Jaime Mendoza Ruiz
Trujillo Beat

«Todos los medios tenían su fotógrafo, yo salía por mi cuenta», Jaime Mendoza Ruiz, reportero gráfico

A pesar de estar viviendo más 40 años en Trujillo, el corazón de Jaime Mendoza Ruiz late por la tranquilidad y sencillez de Ilo. A pesar de las distancias temporales, aún atesora esos siete primeros años que vivió en la ciudad del puerto sureño.

La vida del fotógrafo Jaime Mendoza Ruiz está llena de sacrificios y, a la vez, de esfuerzo. Contrario a lo que sucede con muchos jóvenes de la actualidad, cuando egresó del colegio a los 17 años tuvo que trabajar arduamente.

Según cuenta Mendoza, de niño coleccionaba diarios, le gustaba, a pesar de la precocidad, estar informado. Se formulaba muchas preguntas sobre las fotografías que aparecían en las páginas de estos diarios.

Pasó poco más de una década para que pueda acariciar la fotografía. Como diría él mismo, “me lancé al mundo” en busca de mi sueño: ser periodista. Jaime es de sujetos que no hay, apasionados hasta cuando duermen y soñadores hasta en los momentos más ajetreados.

Siente Trujillo tuvo la oportunidad de conversar con él. A continuación nos cuenta parte de su vida y, por su supuesto, de su más anhelada pasión. 

Origen

Siente Trujillo: Me comentaba brevemente que nació en Moquegua, cuénteme, ¿Qué le trajo a Trujillo?

Jaime Mendoza Ruiz: Bueno, por circunstancias mismas de la vida y del trabajo. Mi familia es de aquí del norte, pero por cuestiones laborales mi padre fue a trabajar a Ilo. Entonces, nos mudamos todos…

¿Sus padres son de Trujillo?

No. Ellos son cajamarquinos… sin embargo, ellos estuvieron asentados aquí en Trujillo por mucho tiempo.

¿Y cuánto tiempo estuvieron por ahí?

Estuvimos hasta cuando cumplí siete años. Posteriormente, vinimos a vivir a Trujillo.

¿Recuerda algo de esos siete años que vivió en Moquegua?

Recuerdo casi todo. Desde mis paseos en el mar, en el puerto. El puerto de Ilo es muy distinto a los demás que hay en el Perú, a pesar que he estado en otros puertos: Callao, Paita, e Ilo, pero, este es muy diferente, es desarrollado.

¿Ha podido regresar?

Claro. Fui hace unos cuatro años, y la verdad, estaba totalmente renovado. El puerto de Ilo está cerca de la ciudad, es parecida a una ciudad europea. Tú vas ahí y te encuentras con un paisaje hermosísimo. El mar lo tienes a un paso, puedes caminar por la alameda. Si deseas puedes caminar por toda la orilla del mar, y te vas a la zona nueva, que antes, en mis años, era una pampa, ahora es una urbanización súper moderna. Ahí encuentras todo tipo de departamentos.

En la ciudad de la furia

¿Y cómo fue ese cambio de ciudad?

Cuando vine a estudiar a Trujillo, fue un cambio total para mí. Yo venía de Ilo que es una ciudad que se invierte bastante en educación y supongo que ha sido desde antes porque cuando llegué  vi que lo que me estaban enseñando, eso ya lo sabía…

¿A qué parte de Trujillo vino a vivir?

A La Esperanza, y a estudiar en un colegio en donde no tenían cerco perimétrico.

Con otras características y costumbres a las que ya tenía…

Sí. Yo venía de un colegio que tenía que llegar puntual sino, no entraba. Tenía que ir impecablemente vestido, con mis cosas ordenadas. Recuerdo que había rigor desde la entrada. Te estaban vigilando cómo te comportabas en el patio hasta que ingresabas a tu aula. Todo era riguroso.

Y aquí encontró todo lo contrario…

Así es, aquí encontré todo lo contrario. Aquí todo el mundo hacía lo quería en el aula; el profesor, si quería venía. Nadie te controlaba al momento de salir al patio… todo el mundo se iba a su casa… si querían, volvían, porque no había un cerco perimétrico. El que quería entrar al aula, lo hacía. Eso fue chocante para mí. Pero me tuve que adaptar porque no tenía otra opción, era un niño, y, tenía que estar ahí.

¿Y cuánto tiempo le costó adaptarse?

Toda la vida. Por eso te digo, que a mí me marcó mucho la vida que tuve de niño porque hasta ahora reniego de muchas cosa que no me gustan. Es como si me hubiesen formado durante esos siete años, de la forma cómo lo hicieron en Ilo, con esas costumbres, ese orden, y con ciertos rigores que eran para mi bien; y llegué aquí, al desorden total, que no es por criticar, pero es una forma de vida; simplemente, que yo, llegué aquí…

Experiencia escolar

¿Y qué recuerdos conserva de su etapa escolar?

Cuando yo estaba en el colegio, me gustaba leer sobre la etapa del terrorismo (conflicto armado interno). Quería saber lo que ocurría en el Perú y en el mundo. Había tantas cosas que leer, que me interesaba bastante, a pesar de mis clases que llevaba en el colegio. Muy aparte de eso, las propinitas que conseguía del papá o mamá las gastaba en un periódico, y, los diarios que compraba eran La República, El Comercio, Expreso -de esos años-. No me gustaba perderme ninguna página. Terminé coleccionando un montón de periódicos, pero, todos no los quería botar porque me parecían interesantes.

¿Qué le impactaba cuando adquiría un diario: la imagen o la palabra?

Eran las dos cosas, pero si había que diferenciar entre las dos, era la fotografía… Si bien no me quedaba con la foto, me gustaba seguir los temas, sin embargo, había un ganchito que me jalaba más a seguir viendo las fotos. Estaba pendiente qué foto me van a presentar de ese tema. Diría que desde ese momento empieza a nacer mi gusto sobre la fotografía periodística. Me preguntaba ¿Cómo es que se hace esa foto? ¿Cómo pudo hacer esa foto? ¿En qué lugar se puso para hacer esa foto? ¿Cómo la hizo?… yo no tenía cámara. Nunca había usado una cámara. Pero desde ya me interesaba.

¿Recuerda alguna foto de esa etapa en la que usted coleccionaba diarios?

La del motín del penal El Sexto, portada del diario La República, en donde se veía que estaban quemando a un señor; además, están acuchillando a otro sujeto en la pierna. Otra portada que recuerdo fue (el atentado) Tarata, la captura de Abimael Guzmán…

Temas trascendentes y de colección…

Claro. Me interesaba mucho coleccionar porque sentía que estaba guardando la historia en un periódico.

Por ejemplo la captura de Guzmán…

Cuando cayó Abimael, me caminé todo Trujillo y no pude encontrar (el diario) hasta que una señora me explicó: joven no va a encontrar esa portada porque esa, es de Lima; la que va a venir a Trujillo es otra, en ese momento no conocía a  nadie en Lima para que me compre un periódico. Eso, sí, me dolió porque un hecho tan histórico como ese no lo podía tener, yo que tenía todas las portadas de los diarios, de los hechos más importantes que se daban…

Después de colegio

Culminando el colegio, usted tuvo que trabajar… 

Sí. Gracias a Dios se me presentó la oportunidad. Tuve un trabajo en una imprenta, en realidad era editora e imprenta a la vez, de libros contables y todo tipo de impresiones. Ahí me puse a trabajar (a los 18 ó 19 años). Necesitaba trabajar, mi mudo empezó a cambiar… pero siempre mi sueño era siempre ser fotógrafo…

Más o menos a esa edad, ¿usted había decidido o tenía curiosidad por la fotografía?

Sí., pero yo no podía porque tenía que trabajar. No podía darme esa chance de irme a estudiar porque nadie me iba dar pagar mis estudios, y, en segundo lugar, mi madre necesitaba que alguien la apoye con mis otros hermanos. Entonces, mi responsabilidad era sí o sí, te vas a trabajar pero la esperanza nunca se va, pues, yo siempre tenía deseos de hacer fotografía, y meterme en el mundo periodístico y de la fotografía…

Acercamiento a la fotografía

Y ¿Cómo se decidió dejar su trabajo y adentrarse en el mundo del reporterismo gráfico?

Un día decidí apartarme (año 1996). Como decir, tirarme al mundo. Fue una época bien difícil porque empezar de cero en una actividad que recién conoces y quieres incursionar, no es fácil. No conocía a nadie.

Y sin ningún conocido en el periodismo local…

Claro. No conocía a nadie. Mi trabajo era de la imprenta que estaba por Los Cedros, y ahí, era mi vida.

Y a dónde fue a tocar puertas primero

Me vine al centro, primero. Cargaba mi cámara y me venía a buscar o trabajar en algo, de fotógrafo. Buscaba actividades…

¿Qué tipo de actividades?

Buscaba actividades, por decir, en el teatro, o sea, veía lo que organizaban; y además averiguaba dónde podía encontrar actividades de fotografía, algunas fiestas. En ese tiempo no había tanto fotógrafo como ahora y yo podía vender mis fotos con esas actividades, también obras artísticas que se presentaban. Ahí más me metía.

¿Y qué hechos le motivaron para que deje estas actividades y se adentre en el periodismo?

Verás, entre el 97 y 98, empiezan las movilizaciones en contra del Fujimorismo, y para mí era algo histórico ver a Trujillo lleno de gente. No es como las marchas que hay ahora, esas eran enormes, gremios más organizados porque decían «vamos a marchar» y la plaza se llenaba al igual que las calles. La situación, claramente, era otra. Había más rebeldía, vivíamos una época de dictadura, como se le llama a la de Fujimori.

La gente estaba cansada, los estudiantes universitarios salían casi todos a marchar en masa. Tantas cosas se veían en la calle… y comencé a verlo diferente… lo que antes lo veía como estudiante, a través de periódicos, ahora yo era parte de eso, mirándolo en vivo y en directo, las marchas, las protestas, la policía.

¿Y eran violentas las manifestaciones?

Claro. Eran violentas y había bastante gente. Entonces, en ese tiempo, fue que la gente me empieza a conocer. Me veían como bicho raro…

No había mucho fotógrafo en ese momento…

Bueno, cada medio tenía su fotógrafo (La Industria, Correo, La República). A veces me preguntaban, para quién tomas fotos, y yo les decía, «no, son para mí… para mi archivo personal». Como que me creían algunos, y otros no. Igual y seguía… Las marchas eran interdiarias, entonces, había harta chamba, lo único que no había eran ingresos. Nadie me pagaba porque para nadie trabajaba.

¿Y por cuánto tiempo estuvo así?

Estuve en ese trance como un año (entre 1997 y 1998), además, en 1998 ocurre el Fenómeno del Niño. Recuerdo que se inundó Trujillo. Yo estaba por el centro, por la fiscalía, y cuando me doy cuenta, toda la avenida Juan Pablo II estaba rodeada de agua.

¿Y qué hizo en ese momento?

Frustración ¿No te imaginas lo que yo sentí en ese momento? No tener mi cámara. Mira, yo no era periodista, pero ya sentía esas frustraciones de cualquier periodista de no tener la herramienta en el momento que uno necesita… entonces, yo he salido donde estaba he ido a buscar un carro para ir a La Esperanza. Habré llegado luego de una hora a mi casa, entonces, cargué mi cámara y saqué mi rollo… hasta que he venido todo ya había pasado. Seco Trujillo.

Ante esto ¿Qué hizo?

Tomé fotos de algunas cosas que estaban en la calle. La basura que había quedado en el camino, y pregunté ¿De dónde vino esto? Preguntando, y preguntando, llegué que venía del El Porvenir. Me imaginé que era de Mampuesto porque días antes había ido a ver, y vi que el agua estaba empozada. Lo que era antes el cementerio estaba como una laguna, me imaginé que esa agua era de ahí…

Y después vio las fotos…

Claro. Fui a revelar mis fotos para ver el resultado. Vine al laboratorio, tenía algo, pero, sentía que no estaba completo el trabajo. A pesar que había ido a Mampuesto. En eso, la señora del laboratorio me dijo que vaya a los periódicos. Me insistió. A finales fui… «no pierdes nada», me dijo la señora.

¿Y a dónde fue?

Primero, fui a La Industria, ahí llegué con mis fotos, pero, nunca me atendió nadie. Un vigilante me dijo: «no, aquí los fotógrafos, han hecho miles de fotos, nadie te va atender  ahorita». «Ah ya», le dije. Al siguiente punto, me encuentro con La República (antes quedaba frente a una iglesia, entre Gamarra e Independencia). Entonces, llegué ahí, me presenté…

¿Quién le atendió?

Llegué a recepción, primero, me atendió una de las chicas que atendían, en ese momento. Los periodistas trabajan en el segundo piso…

¿Y qué le dijo usted? «Tengo estas fotos»

Sí. Mira tenga estas fotos, y quería ver si podían publicarlas, o si les interesaba alguna foto. Y ahí empezó todo, por su parte, la chica me dijo: «a ver, dame las fotos». Y se fue a consultar…

¿Qué pasó luego?

Entonces, vi que alguien bajó (Manuel Rodríguez, exeditor de La República), esta persona me dice: «tus fotos están interesantes, y hay cuatro que me gustan, y, es muy probable que las publique, pero, lo que no tengo es dinero para ofrecerte, lo único que te puedo ofrecer, es que salgan publicadas con tu nombre». Y bueno, yo encantado que pongan mi nombre, para mí, era más que suficiente, en realidad, no buscaba dinero. Lo que quería era ver plasmado mi trabajo…

¿Y aceptó que le publicaran las fotos?

Claro. Manuel Rodríguez me pidió mi teléfono, y, algunos datos, y me dijo, que me avisaría si sale algo mañana. Y salió. Recuerdo que abría la página a nivel nacional, y también, la página regional.

¿De esta primera colaboración, le siguieron llamando?

Sí. Me llamaban para que los apoye e iba sin dudarlo. Al mismo tiempo, sentía vergüenza, porque tal vez me estaba inmiscuyendo en el trabajo de otros. Pero, un día, en una marcha, todos llegaron tarde, durante esta manifestación, se habían pinchado los brazos, es decir, había sido radical, y yo, tenía las imágenes, pero, La República, no tenía las fotos. Entonces, llega la fotógrafa, pero tarde, cuando ya no había nada. Llegó asustada, en eso, ella se acercó y me dijo «amigo, mira, tú has estado acá, ¿tú crees que me puedas regalar una foto?». «Sí, bacán, lleva las que necesites, tú sabes que yo trabajo para mí». Entonces, fuimos al laboratorio, pagó el revelado, y se llevó sus fotos del momento.

¿Cuánto tiempo estuvo en esta etapa de colaboración?

Habré estado un año más o menos, posteriormente, a fines de 1999, la chica (fotógrafa) se va de viaje por un mes o dos meses, entonces, el señor Manuel, me dice si podía reemplazarla durante este tiempo, y bueno, le dije «que encantado». Al respecto, vino un proceso de cambio para mí. Era algo, tan diferente a lo que hacía. Entre 1999 y 2000 fue un aprendizaje para mí; al mismo tiempo, la situación o la coyuntura se intensificaron, las protestas en contra del régimen de Fujimori siguieron.

¿Qué aprendió primero?

Lo primero que aprendí fue a ser disciplinado en el trabajo, es decir, hacer las bien las cosas, y, con mucho respeto. Asimismo, aprendí de ellos (los compañeros) porque son personas muy correctas, y son muy profesionales, y eso se veía. Cuando a mí me faltaba experiencia, ellos salían a relucir e iba aprendiendo.

¿Cuán difícil es, para usted, tomar una foto a persona en pleno dolor?

Para esas situaciones uno se ‘curte’, es un poco insensible, tal vez. Sin embargo, en el fondo, dependerá del hecho que se pretenda cubrir. Hay muertes que impactan…Tú puedes cubrir decenas de muertes, pero no impacta. No obstante, hay cosas más sencillas que pueden impactar, por eso, te digo, que es algo psicológico, y, también dependerá de la información que se desea difundir.

¿Qué criterios tiene para tomar fotografías en estas situaciones?

Nosotros como fotógrafos debemos evitar que nuestras fotos generen violencia, para eso, tratar mejor la nota. Al respecto, me pregunto «¿por qué nos mantenemos con el capricho de mostrar un muerto? ¿Dónde quedan los derechos de las personas?». Además de estas fotos, dependerá mucho del medio en que me encuentre trabajando porque si el medio me exige tome fotos a muertos, entonces, yo sé a lo que me atengo, porque si no llevo lo que ellos quieren, me van a botar (despedir).

¿Alguna foto suya, en algún momento, fue malinterpretada?

En una oportunidad, publiqué una foto -en Facebook- de lo que era el cerro Cabras, el antes y el después. En una foto se veían despejadas las laderas del cerro, y años después se ve cómo está actualmente. Hubo gente que opinó con respeto, no obstante, otras opinaron como se les dio la gana. Muchos de ellos fueron irrespetuosos. Al día siguiente la abrí, y la foto o publicación se había extendido de una manera inusual, algunos llegaron a decirme que yo estaba manipulando la foto.

Jaime Mendoza Ruiz rumbo a la Academia

¿Algún consejo para los jóvenes que desean incursionar en el fotoperiodismo?

Los jóvenes que desean hacer fotoperiodismo, lo primordial, en primer lugar, es estar informado, y, para realizar la fotografía, hay que tener criterio al momento de efectuar la foto. Pienso que tanto redactor como fotógrafo deben ir de la mano, juntos. La foto es como un resumen gráfico de la noticia. Otro punto, importante, para mí, que a lo que dediques le imprimas pasión y ponle dedicación a lo que estés haciendo. La tecnología no debe ser impedimento para no pulir o aprender.

¿Cómo fue su etapa universitaria?

Fue una bonita experiencia porque había pasado años que había dejado de estudiar. Gran parte de mi juventud la pasé trabajando, entonces, volver a las aulas me costó mucho… adaptarme a las exposiciones, trabajos, pero, tuve buenos profesores. Ingresé a estudiar mediante un convenio entre el Club de Prensa y la Universidad César Vallejo. Muchos periodistas que no habían tenido la posibilidad de obtener su grado o título lo consiguieron gracias a esta oportunidad.

¿Qué le motivó regresar a las aulas?

El sueño que siempre tuve, de tener una carrera, a pesar que empecé tarde porque tuve trabajar. Y, cuando estaba en el diario, sentía que me faltaba algo. No me sentía completo. Pero, como ves, gracias a Dios terminé con mucho esfuerzo.

También está estudiando una maestría…

Si, en la Universidad Católica de Trujillo, estoy estudiando en docencia universitaria porque, ese es mi otro sueño. En algún momento quisiera enseñar… dedicarme a eso.

Estas son algunas de las mejores fotos de Jaime Mendoza Ruiz, reportero gráfico del diario La República. Así se ven algunas noticias de Trujillo desde su lente.

Jaime Mendoza Ruiz

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Entrevista de nuestro colaborador Yuri Rodríguez.

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