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“Todo acto creativo humano es una aventura y un problema”, Pedro Ugarte, escritor español

En estos días de la Feria Internacional del Libro de Trujillo, Pedro Ugarte, escritor español, brinda su mirada lúcida de lo que significa la literatura en su vida. Nuestro colaborador Eduardo Maruri nos envía este despacho desde la propia ciudad del autor.

Pedro Ugarte es un escritor vasco nacido en Bilbao en 1963. Es autor de novelas, libros de cuentos y microrrelatos. Actualmente se desempeña, además, como responsable de comunicación de la Universidad del País Vasco y nos cuenta su admiración por escritores peruanos como Ribeyro; además de Alfredo Bryche Echenique, que pasa largas temporadas en España, y de Fernando Iwasaki, que vive hace muchos años en Sevilla y además es columnista de varios diarios de esa comunidad.

¿Cómo fueron tus inicios? Cuando supiste que tenías un talento o capacidad para escribir?

Eso no lo sabe nunca nadie, el si tienes talento o no… y mucho menos cuando empiezas. En mi caso no fue una decisión. El primer libro sin imágenes que leí con siete años, una novela de Lolo Rico, me provocó, al acabarla, ponerme a escribir historias en las que aparecía con mis amigos; todavía guardo esos escritos. El hecho de escribir nació conmigo. No ha sido una decisión.

¿Pero alguien te ha apoyado?

Realmente no. Mi padre era lector pero no fue un masajista de joven escritor. Una de las formas de incitar a la lectura es el ejercicio literario y no el apostolado literario. No hay que decir a la gente que haga cosas que tu no haces y lo mejor es la práctica.

En tu novela, “Perros en el camino” aparece un grupo de amigos muy entusiasta en su contacto inicial con la escritura, ¿te ha ocurrido algo similar?

El grupo es imaginario pero sí, tuve un proceso de iniciación literaria de joven con lecturas del Boom Latinoamericano y con amigos lectores de la adolescencia; luego ya conoces a escritores y así se completa el problema de la escritura. Es un problema porque es difícil, no hay orientaciones claras, ahora es más sencillo con la existencia de los talleres literarios donde se empieza a enseñar a escribir. Antes no existían, nadie te enseñaba a escribir, tampoco las facultades de filología. Era un camino solitario, largo y tortuoso. Había que ir quemando etapas. En la pintura puedes ir aprendiendo unas técnicas pero en la escritura, al no haber maestros, tu única forma de aprender era la de error-rectificación. Yo también he dado clases de escritura como profesor en varios talleres literarios.

Pero también pueden frustar, esos talleres literarios, las aspiraciones literarias de un aspirante a escritor, ¿verdad?

Un escritor no se puede dejar vencer por las críticas. Si es un escritor de verdad, o vocacional, seguirá. La experiencia en talleres literarios ha sido muy enriquecedora. En ellos no te enseñan a escribir bien, pero aprendes a no escribir mal, a evitar ciertos errores o técnicas inadecuadas.

Todo acto creativo humano es una aventura y un problema. La escritura, el cine, la fotografía, la pintura, implican una investigación sobre los demás y sobre ti mismo, me parece una experiencia fascinante.

¿Cómo es tu método de escritura, eres disciplinado o anárquico?

Depende del género. Con la novela necesito una disciplina clara aunque no tan espartana como la de un guión de cine. De dos novelas mías “El cuerpo de las nadadoras” y “Casi inocentes” se han hechos dos películas. En la primera tuve que intervenir algo en el guion de la película.

Cuando voy a escribir una novela hago una escaleta previa de unos pocos capítulos que desarrollan la historia y desenlace; y cuando esto está definido es como una especie de guía elemental básica, de tres o cuatro folios, donde ya se sabe lo que va a pasar, después ya lo desarrollo.

En el cuento soy más anárquico. Aunque tengo pautas de arranque, normalmente, que hacen de  detonante: una frase que me llame la atención, y luego la desarrollo… un personaje que me llame la atención o una situación paradójica con la que comienzo el relato y después lo desarrollo, dejo que la escritura me lleve a algún lugar..

En el microrrelato mi método es igual que en el cuento, es una tentativa, “A ver esto a donde va….”

En la novela así no funciono, si uno se pone a escribir 300 folios sin saber a dónde va, puede tener suerte pero normalmente tiene un gran riesgo de fracaso.

¿De donde surgió la idea de escribir un libro sobre la historia de Bilbao?

Fue un libro de encargo de una editorial. Se hizo de forma divulgativa en dos ediciones. En la segunda edición hay un capítulo que compila los últimos 15 años de Bilbao y sus grandes obras como el metro o el museo Guggenheim.

La intención era que se pudiese leer con agrado y que no fuera un libro de historia para expertos o eruditos. El catedrático de historia, Manu Montero, me ayudo con bibliografía para hacer el guión del libro y luego él también lo supervisó.

¿Por qué en muchas de tus novelas aparece un protagonista con el nombre de Jorge?

Al escribir en primera persona la mirada es básicamente la misma. Aunque el personaje puede ser mayor o más joven, puede ser rico o pobre, estar en el paro o trabajando, casado, soltero o divorciado, pero su mirada, la que tiene sobre la realidad, es la misma. Al hablar en primera persona, su forma de ver el mundo es la misma. Es un personaje fijo en diferentes situaciones. Es un guiño al lector en el sentido de decir, no es el mismo personaje pero es una mirada , una forma de ver el mundo.

Ya sale Jorge en mi primer libro de relatos, muy al principio de mi carrera como escritor.

¿Qué pasó con un famoso premio de relatos en el que quedaste en segundo lugar y el ganador hizo plagio?

En 1989 quedé finalista en el premio Max Aub de relatos, un premio muy bien dotado económicamente. El ganador fue el escritor Alvaro Bermejo. Hace un año, gracias a la investigación de otro escritor, se descubrió que el cuento ganador presentado por Alvaro Bermejo no era de él sino del escrito argentino Manuel Mujica Lainez, autor de la célebre “Bomarzo” y uno de los mejores escritores argentinos de todos los tiempos. Este cuento fue publicado en 1940 y Alvaro Bermejo lo copió cambiando los nombres de los personajes y la situación de la trama; el original se situaba en Argentina y el de la copia en el valle del Baztán en Navarra. El cuento, línea a línea, era una copia.

El premio Max Aub se fallaba u otorgaba en Valencia, en Segorbe, el pueblo natal del escritor Max Aub. Al final se decubrió el plagio y le desposeyeron del premio a Alvaro Barmejo. Yo solicité que me lo concedieran pero la fundación decidió que no porque no estaba el jurado que lo falló.

Fue tremendamente inmoral el comportamiento de Bermejo, él cobró el importe del premio pero nunca lo ha devuelto.

Tu libro de cuentos “Nuestra Historia” ha tenido un importante premio. ¿Puedes hablarnos sobre ello?

El premio Setenil es muy importante, se otorga en Molina de Segura, en Murcia. Ha sido un libro y un premio muy importante para mí ya que había muy buenos escritores entre los finalistas y con muy buenos libros. A raíz del premio ha habido una segunda edición y está funcionando muy bien. El libro ha tenido muy buenas críticas. Salió en el 2016.

¿Qué escritores peruanos te gustan?

Fernando Iwasaki me parece un gran escritor de cuentos y de ensayo. También Julio Ramón Ribeyro: sus cuentos, diarios y ensayos me fascinan. Me parece muy bueno. Muchos de sus cuentos los he releído a menudo e incluso uno de sus relatos lo he utilizado como modelo en mis talleres literarios.

También destacaría alguna novela de Bryce Echenique como “La vida exagerada de Martin Romaña” que me gustó.

Y otros escritores sudamericanos que te gusten?

Soy un gran admirador de Borges. Si tuviera que poner un referente en la literatura, cosa que es un atrevimiento y una ordinariez, pondría a Kafka en primer lugar, después a Borges y seguido al resto de grandes escritores.

Kafka ha transmitido una forma de expresar la realidad y de expresar el arte. En muchas disciplinas esta inbuida una visión kafkiana de la vida; incluso en gente que no ha leído a Kafka. En la narrativida, en la forma de ver el mundo como problema; de que los problemas existenciales de la vida no sólo son ante el ser sino también ante la sociedad, la política. El miedo que tiene el ser humano ante la realidad, ante la vida o la muerte; en Kafka se transforma también el miedo al sistema político, miedo a la policía, miedo a los jueces, el miedo a la sociedad como organización. Todo esto supone una aportación muy específica de Kafka que, de algún modo, se nos ha contagiado.

Hay fotos de él en la playa, en ferias de atracciones, en la compañía de seguros donde trabajaba que demuestran que fue un pequeño burgués y llevaba una vida muy normal y corriente y no era ese ser gris y atormentado. Sí lo era cuando escribía pero no en su vida real.

Se sabe de él que padeció a un padre muy autoritario, que era el único varón de la familia y que la tuvo que sacar adelante.

Tras este inciso sobre Kafka, también destacaría, dentro de los escritores sudamericanos, al mejicano Juan José  Arreola y a Cortázar, un grandísimo escritor.

¿Y dentro del mundo literario del País Vasco a quienes o qué es lo que más destacarías?

Fue muy positivo el subidón literario que hubo con el fenómeno de Bernardo Atxaga y su obra Obabakoak en 1989. Esto dio un gran impulso a los escritores en lengua vasca pero también a los demás como Espido Freire, Fernando Aramburu o Ramiro Pinilla.

Ramiro Pinilla me parece un escritor de raza. Se pasó 25 años callado y sin publicar pero escribiendo; al final de su vida tuvo un gran reconocimiento muy merecido y premiado.

Fernando Aramburu, que ayudó a Pinilla, fue un gran colega como escritor. Me gustó mucho “Patria” de Aramburu. Desde muchos puntos de vista marca un antes y un después. Sale definido todo el espectro social del País Vasco, de aquellos años, incluyendo en ello las torturas policiales. Es un libro sociológicamente e históricamente muy medido para bien.

Ya se había hablado de ETA en libros anteriores de Saizarbitoria” (100 metros) o Atxaga (El hombre sólo) pero con “Patria”, de Fernando Aramburu, se ha podido llegar a mucha más gente. Sociológicamente era una novela necesaria.

¿Qué proyectos de futuro tienes a corto plazo?

El próximo mes de septiembre sale publicado mi último libro de diarios; se titula “Lecturas Pendientes” y está relacionado con la literatura, con el hecho de escribir, con el mundo editorial. Hay bastante morbo con respecto al mundo editorial, aparecen experiencias personales, aparecen otros escritores.

¿De donde sacas tiempo para escribir? Tu trabajo te absorbe mucho y encima tienes familia y dos hijos.

Duermo poco, un día normal cinco horas. Y así saco dos o tres horas cada día para poder escribir antes de acostarme. Conozco escritores que madrugan para escribir, no es mi caso. Yo me quedo por las noches. Esto lo paga mi familia, sobre todo mi mujer.

Leí unas declaraciones del escritor José María Merino, académico de la RAE, que durante muchos años fue funcionario del Ministerio de Cultura. Decía que él se metió de funcionario para trabajar poco pero enseguida se metió en multitud de proyectos y trabajaba muchísimo pero en cambio consiguió, en unidades pequeñas de tiempo, tener la suficiente concentración para poder aprovechar las horas.

En determinados contextos, por ejemplo dentro de mi jornada laboral en la universidad me hago un descanso de media hora y ahí puedo retocar o leer algún cuento o idea literaria.

Para escribir también hay que leer, los escritores que no leen no saben lo que se pierden.

El gran articulista de periódicos, español del siglo XX, Julio Camba, no leía pero escribía un artículo diario y era muy bueno en su género, de una altura literaria enorme. Él tenía la fama de ser un escritor que leía poco.

A mi me gusta leer disfrutando que es lo que hay que hacer hoy en día. Que no sea una tortura lo que se lee. Tenemos una edad en que tienes que leer para disfrutar. La lectura como martirio ha disfrutado de un prestigio injustificado. Yo también me sentí de joven durante años con sentimientos de culpa al dejar un libro a medias o sin acabar pero ya a partir de cierta edad que tu tiempo es muy limitado esto cambia.

El canon literario de la historia de la literatura en castellano tiene un elemento favorable y muy positivo en Pío Baroja. Baroja, siendo un escritor de novelas de aventuras es a la vez un escritor de altura, un autor serio. Yo empecé a leer con Baroja, con “Zalacaín el aventurero”, a raíz de la lectura de este libro en mi colegio continué con “Las inquietudes de Santi Andia”, “Pilotos de altura”, “El Mayorazgo de labraz” etc. El acto de la lectura lo descubrí con estas obras de Baroja, y como yo, mucha otra gente.

Cuando escribías de joven en tu colegio te considerabas un “rara avis” o un “perro verde”?

Escribir no era un hecho prestigioso. Si el hecho de leer no tenía un timbre social, mucho menos el de escribir. Igual la ópera o la música clásica tenían otros elementos sociales de prestigio pero leer por la noche a los clásicos del siglo de oro no tenía ningún tipo de reconocimiento social. Tampoco es que fuera esto algo dramático. Pero estas cosas, el escribir en concreto, el ir contra corriente, es positivo para medir una vocación. Si vas a favor de la corriente puedes tener la duda de si lo estas haciendo bien porque te gusta o porque es fácil pero si vas en contra de algo, en las creencias o en las convicciones mayormente aceptadas; puedes estar equivocado o no, pero desde luego nadie te puede discutir en tu coherencia personal.

Creo que con las vocaciones pasa lo mismo, si te gusta escribir y vives en la soledad, tú metido en tu mundo, sabes que es complicado; vives en una ciudad donde sabes que no hay ese ambiente literario, te imaginas que debe ser terrible publicar porque publican unos tipos lejanísimos que están en Barcelona y en Madrid y además cuando éramos jóvenes para ir a esas ciudades se tardaba mucho tiempo en el transporte, era algo que no tenía nada que ver con tu mundo.

Algunas de tus novelas han sido traducidas a otras lenguas. Que opinión tienes de los traductores?

Un buen articulista es un buen escritor y un buen traductor también lo es. La traducción es otra forma de literatura que no es escribir algo original es trasladarlo a otro idioma, un traductor es un escritor, yo lo veo clarísimo. Tiene que llevar a otro idioma el espíritu de una obra literaria y de algún modo la rehace, quieras que no un traductor recrea una obra, no será un creador pero si será un recreador. Hoy en día hay un cierto movimiento reivindicador de que conste el nombre del traductor en las portadas de los libros. Se está empezando a ver y me parece positivo. El título de un libro, el autor, y si es traducido de otra lengua, el traductor junto con ellos, Ya que él ha hecho mucho y muchas palabras son de su propia cosecha.

Entrevista de nuestro colaborador Eduardo Maruri, desde el País Vasco, España.

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