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Tembladera, en algún lugar de la carretera. Crónica de viaje.

Un destino liberteño que mereces conocer es el ande liberteño. Jesús Escamilo describe, en su estilo, Tembadera.

Al finalizar la conversación y sin anular el peso de su voz, se separó de las mesas principales y regresó a la cocina. Estando ahí es difícil imaginar cuál es, en principio, el propósito inmediato de rodearse otra vez de sartenes, ollas, cubiertos, y todo lo que se admite para la elaboración diaria de ciertas comidas. Sin embargo, un pequeño estímulo visual o aromático dentro de la cocina es, para un cocinero, la fiel admisión de otro sueño y una sonrisa, o si se desea es también la ira por saber, que no quedó como se deseaba:  un itinerario diario de la frustración.

Consuelo Saldaña, la señora que tiene pecas en las manos como si se tratase de un cielo amartillado por el clima de Tembladera, ríe devotamente al salir de su cocina, y se sienta o está parada; o en todo caso solo está ahí, en cualquier parte del restaurante presta y diligente ante el llamado. De no ser así “El mirador de Valentín” pierde cierta magia natural, y el lugar vuelve a ser neciamente otro restaurante con ollas, platos, sartenes y comida.

Viajar por la carretera siete horas, ocho horas, o lo que cueste llegar a donde se desee, seduce al viajero a dormir, a pensar, y también a querer comer. Sí, todos prueban algo en su viaje; desde los que van en ómnibus hasta los que se suben a una camioneta o automóvil. Y ahí es curiosamente que las mesas alargadas y los manteles están servidos. Solo se espera la llegada de los turistas o viajeros, y listo, comienza el juego dominante entre espacios que son carreteras y restaurantes que se sostienen con nombres admirables, jocundos, por ejemplo, quizá te topes hasta con tu propio nombre en plena carretera.

Entre tanto los dueños de los restaurantes viven su día a día entre el ruido tremebundo de las llantas sobre la carretera y los ingredientes que necesitan para cocinar. Doña Consuelo experimenta lo mismo, gira su cabeza y si ve a una familia bajar de su camioneta persiste en intervenir con su mirada antes que los comensales estén en la mesa. Está es su chamba. Simplificar el hambre con una bienvenida.

La historia de un cocinero siempre es arriesgada, y es útil y lecturable para los demás, por ejemplo, los 22 años de Doña Consuelo frente a “El mirador de Valentín” significa que no se puede atiborrar y mezclar el tiempo en una licuadora o ser llevado a un batán.

Siente Trujillo

Buenas tardes ¿Parece que “El mirador de Valentín” lleva mucho tiempo aquí?

Sí, son muchos años. 22 años para ser más precisa.

¿Siempre tuvo una relación con la preparación de la comida?

Siempre fue así.

¿Por qué ese nombre?

Mi hijo, el mayor tiene 22 años, y se llama Valentín. El nombre fue por él, significa un nuevo comienzo. Porque con mi esposo fundamos el restaurante. Yo era profesora y él no tenía ninguna profesión, nos comprometimos, y desde ahí estamos aquí, juntos.

¿Cuáles son los platos o el plato típico de Tembladera?

Los camarones, lifes, tilapia. Los camarones se preparan en ceviche, al ajo, en picante, atomatado, tortilla, chicharrón y chupe. Los que llegan preguntan siempre por los camarones.

¿Así son los lunes por aquí? (El clima cambia a cada momento)

A veces no sorprenden, y se llenan. No podemos saber con certeza si se llenará o estará medio vacío. En feriados sí hay más concurrencia, las familias vienen con sus niños. Vienen desde Trujillo, desde Chiclayo, y otras partes.

¿Cómo consigue sus insumos?

De lo que antes se sacaba 50 kilos de tilapia, hoy solo son 2 ó 3 kilos, y no es tan cara. Los camarones de lo que estaban a 35 soles, hoy cuestan 50 soles el kilo, y súmale que el limón está por las nubes.

Otra cosa es que los camarones son de la represa hacia abajo. Yo tengo que ver que nos manden un buen producto, debe estar fresco, del día. Y cuando escasea nos mandan camarones de Tumbes.

¿Participó en algún festival gastronómico?

Para la fiesta del pueblo se organiza una actividad, pero también se debe atender a los turistas, entonces es mejor estar aquí para ellos. Hace algún tiempo nos visitaron del Ministerio de Pesquería, llegó una señorita y me dijo que habría un concurso en Cajamarca, pero luego volvió a decirme que se postergó. Esperemos que vuelva pronto.

¿Cuánto tiempo demora en preparar uno de los tantos platos que están en la carta?

Algunos diez minutos, otros tres o cuatro. Todo es fresco. Y la posibilidad de tener la comida preparada en tan poco tiempo es porque todo es del día. Un chupe demora diez minutos y lleva, leche, alberga, huevo, habas; un ceviche o un frito, sale al instante.

¿Cómo un rayo?

Sí, en la cocina somos muy agiles, son años de experiencia. Nos hemos vuelto más veloz que un rayo – se ríe y mira hacia su cocina-.

Por otra parte ¿Cómo ve la situación económica en Tembladera?

Estamos estancados. El alcalde no hace nada, el pueblo está descontento. Aunque lleva tres periodos y si ganó fue porque la gente aquí es aprista. Por eso ganó y está posicionado, aunque ya no hace obras, basta con mirar las pistas.

¿Qué le podría decir al futuro alcalde de tenerlo frente a frente?

Debe cumplir lo que promete, no solo promesas falsas y rotas. Tembladera necesita más trabajo. También se necesita un muelle, piscina para el verano, obras. Debe trabajar para ayudar al pueblo.

Doña Consuelo tiene otra hija, se llama Valeria y tiene 13 años. Hoy lunes está aquí con ella en el “El mirador de Valentín” mientras su madre responde algunas preguntas y de rato en rato se cerciora de la cocina, la más pequeña de casa trabaja en su cuaderno de matemáticas. Por mientras la mujer que exhibe sus platos y corta la cebolla gruesa como si se tratase de una lámina de huevo recién cocido y lista para devorar, habla que hoy en Tembladera ya no existe la agricultura, la construcción de la represa fue un cuchillo para el pueblo, y no sabe hasta ahora si es un beneficio o una maldición. También dice que muy pocos pescadores quedan en la zona y que el life, es pescado por las tardes.

Por último y siendo más importante para ella, su familia expresa una emoción intransferible, está orgullosa de su hijo, de su esposo, de su familia. La vida para ella no fue lo que alguna había pensado, fue otra cosa, tal vez mucho mejor. Entonces, vuelve a su cocina, y otra vez es un día común en la carretera. Muchos entran, pasan o se quedan en Tembladera.

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