Yo nací en un pueblo situado al sur de Huancayo. Nunca sabré en qué momento aprendí a leer. Recuerdo que cuando me matricularon en la primaria, mi lectura ya era fluida. En los primeros años de la secundaria, ya en Cañete, realizaba dibujos de portadas imaginarias, libros que ya se iban fantaseando en mi afiebrada imaginación. La primera vez que me dio ganas de escribir fue después de leer Misael
La novela La caverna (José Saramago, 2000), narra la historia de un alfarero y de su hija en un proceso de decadencia comercial pues el sistema de producción industrial ha empezado a reemplazar los objetos de alfarería por elementos de plástico, vidrio y metal. El Centro Comercial, metáfora del capitalismo más salvaje, parece decirle: muere, ya no necesito de ti. Cipriano Algor y su hija Marta deben reinventarse para no
Desde hace ya unos años me persigue una obsesión por realizar pinturas basadas en ciertos escenarios que la ficción ha puesto sobre la página en blanco. Cuando leí Rojo y negro, esa primera descripción de la ciudad de Verrières, tan poética como la prosa de Azorín, me causó la misma atracción con el inicio de En la madrugada, cuento de Juan Rulfo. En ambas escenas, el paisaje se eleva como
Ocho de la mañana. La niebla se eleva envolviendo su cuerpo desde el interior. Como en una escena de película neorrealista, ella aparece caminando; lleva libros a la Biblioteca Escolar " El Amauta " de la I.E. Santiago de Viñac de la Provincia de Yauyos. Es el año 2007. Conocí a Maribel Arbizu hace un año. No recuerdo la fecha exacta, pero recuerdo el mensaje que me envió. El motivo
De niño yo soñaba con una entrevista. Imaginaba a señores encorbatados realizando sesudas preguntas en torno a algún libro mío; era una especie de protagonista ribeyriano de Por las azoteas. Con los años, más que desear una entrevista, los disfrutaba con fruición. Y quise dedicarme a leer entrevistas, pero como nadie paga por leerlos (y mucho menos por enseñarlos), opté por su lectura como un elogio de la conversación y
La literatura que frecuenté desde mi lejana niñez y adolescencia seguramente fue el ancla que, al llegar a este puerto, hizo que me quedara. Yo no conocía el mar cuando leí por primera vez Tristitia. Con los años llegarían Sandokán y El viejo y el mar; estos dos clásicos, uno desde el espíritu aventurero y el otro, desde la vitalidad, le dieron un giro especial a mi percepción que, ya
Verity es una persona que ha empezado a caminar junto a los libros y los sueños de la niñez en el puerto de Cerro Azul. Desde hace unos cuatro años se estableció en nuestro pueblo y página tras página, fue sembrando en la mente que leer es más que descifrar códigos lingüísticos. El último sábado, diecinueve de julio, participamos de la convocatoria que ella hizo. Fue una jornada en la
Yo tenía doce años cuando leí en una revista de mi hermano Jaime una crónica sobre lo que sucedió en Brasil hace mucho tiempo. El texto se titulaba EL MARACANAZO: EL FILM DE LOS MUNDIALES. Narra la jornada en que Uruguay batía al seleccionado local. Aún desfilan por la memoria los nombres de, por citar unos, Matías González, Roque Gastón Máspoli y Obdulio Varela. El lenguaje vibrante de aquella lectura
Leonor Oscovilca apareció en el tramo final de mi adolescencia. Este personaje en la novela de Edgardo Rivera Martínez, País de Jauja, nos muestra una faceta de lo sublime y lo poético en la mirada cotidiana de una adolescente. Todos fuimos Claudio cuando le confiesa su amor. Y gracias a esta pareja (y la aparición de Helena Oyanguren) descubrí la diferencia entre erotismo y amor. Un amor más extraño me
El litoral donde vivo estuvo nublado cuando salí. Casaca, libros y entusiasmo. Llegué a Lunahuaná. El colegio Mariscal Benavides nos aguardaba con el cálido ambiente generada por sus estudiantes y el Sol, como desde hace siglos, haciendo su trabajo, indiferente. Ingresé a la biblioteca ( cuyo nombre es ya un acierto) Juan Mejía Baca, donde la responsable Maribel Arbizu realizaba un cuentacuentos para niños de educación inicial. Las actividades en