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Sílaba infinita. Por César Chambergo
Trujillo Beat

Sílaba infinita. Por César Chambergo

He llegado desde Palmapampa a las orillas de río Apurímac. Grande río, río caudaloso, que nace en la mirada de las personas. El cielo está quitándose el abrigo y expulsa fuerte viento hasta el corazón de las palmeras y de la palabra gastada que rejuvenece pronto. El río ahora fluye por una vena adyacente del silencio. Lo nutre.  

Los días soleados provienen de la sonrisa atravesando el sol. Voces, enredaderas en el agua; peces, actores de un teatro acuático; ahora los niños, cuyas acciones se vuelven satélites; cometas y redención en el mediodía. 

Este manto verde / verde manto, atrapa la niebla y convierte sus tejidos en poesía. Vértebra y suspiro. Pájaro invisible que anuncia el día. Nubes en una escalera que asciende al rostro de una niña que baila sobre la arena. Selva. Diálogo con los espejismos. Manto. Insectos desfilan por el borde del arcoiris.  

Bajo este cielo, el olor de las cosas tienen biografía. Si por casualidad te aproximas, sentirás fragmentos de un capítulo. Las orillas en Ayacucho guardan secretos. Son remansos fugaces, son corrientes violentas, son pasos con cuerpo de océano. 

Y el río Apurímac sigue intenso, comiéndose lo que fue alguna vez un camino y desterrando para siempre los rastros de sombras de árboles. Allá arriba, el festín invisible detrás de follaje, las leyes de la vegetación siguen cantando con sus sílabas infinitas que vienen desde el río, desde el viento, desde el suspiro de un niño que abraza a su hermano árbol.

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