Home>Noticias>Reseña de “El espíritu de la ciencia ficción” de Roberto Bolaño, Blanes, 1984
Noticias Trujillo Beat

Reseña de “El espíritu de la ciencia ficción” de Roberto Bolaño, Blanes, 1984

  • Jesús Escamilo escanea con ojo de poeta la obra de Roberto Bolaño, “El espíritu de la ciencia ficción”.

El efecto del tiempo conduce a cada ser humano a grandes, discretas u ominosas opiniones. Unas tras otras se tuercen de acuerdo con el cómo o el quién. Roberto Bolaño, después de su muerte, encontró más vida de la que tenía. En la literatura los casos parecen darse así, pero el escritor ha encandilado fanatismos, como pasó con otros y poquísimos grandes de las letras.

El narrador de relatos sudamericano, sin fijación fronteriza alguna, que muere en el Hospital del Vall d´Hebron, Barcelona, dejó, a sus 50 años, un legado más fuerte que la insuficiencia hepática que lo condujese a la muerte. Bolaño, un 14 de junio del 2003 no volvería a escribir, sin embargo, como un efecto solaz y radiante, casi oscuro, se afincó sobre los cristales del tiempo. Data un primer intento, Blanes 1984, en donde ya arrincona lo que sería su mundo literario, hecho y descocido solo por su propia narrativa.

Nacido en Chile, con una juventud infrarrealista en México y desde la adultez establecido en Europa, sobre todo en España; Bolaño libera su alma poética dentro de sus relatos, concurre en azotar sus miedos, pasiones, deudas, y dramas en lo que comienza a poseer teñiduras detectivescas. Y “El espíritu de la ciencia ficción” es, al mismo tiempo: una génesis apoyándose en temas que luego serían más grandes –su vida misma, vista desde afuera y desde adentro–, y un escondite o un borrador calculable para no ser publicado. Bolaño, en definitiva, escribía no para ser publicado durante sus primeros años como escritor de narrativa, lo hacía por necesidad, como si se tratase de un adicto. La dosis diaria, plegarse al papel, poblarlo de borradores y de frases o diálogos iniciales; de ahí que la resistencia es absoluta.

Además, Alfaguara, al desempolvar “El espíritu de la ciencia ficción”, obra febril y con un bruñido cauteloso, también procede a una interrogante de escritores: en qué etapa de su vida deberían ser publicados (todo caso es distinto). Bolaño exigiría a él mismo no hacerlo. Y la obra demuestra las razones porque quizá, el asiduo lector de Nicanor Parra, Enrique Linch, y demás poetas, no quería hacerlo, ya que, la novela es el rito de iniciación, la primera ruta a seguir que tendrá más pasos y aciertos de lo que pensaba Bolaño; y como tal no se puede decir mucho más; en términos generales, la presentación tallada y furiosa de una narrativa salpicando dentro de un mundo, aquel creado por Bolaño. Entre tanto, Christopher Domínguez Michael, en el prólogo llamaría al libro: una buena novela de juventud, y un libro muy familiar para el lector avezado de Bolaño. Y sí, quien haya leído antes a Roberto Bolaño, no dejará de pensar en otras de sus obras; y quien lo lea por primera vez estará en nocaut.

En cuanto al libro en sí, transcurre en medio de una voz que se hace más fuerte desde la segunda parte; como un telón que se abre frente a un espejo, un movimiento grave y hermoso. El espíritu de la ciencia ficción circula en tres partes. La primera, describiendo a los personajes desde el primer renglón “¿Me permite hacerle una entrevista”? o “Comencé a trabajar en el suplemento cultural del periódico, La Nación”. La vida de los dos personajes transcurre en México D. F. de los años 70; un periodista, Remo Morán, que desea ganarse la vida y que se introduce a un mundo de investigación literaria acerca de las revistas culturales con José Arco (poeta motorizado) y un John Scherella, un joven que escribe cartas a sus escritores favoritos de ciencia ficción. Cada personaje, los dos sobre donde descansa la autopista narrativa son distintos, aunque viven desafortunados y completándose entre ambos.

En la segunda parte, el cielo nocturno sigue teniendo mayor presencia, un José Arco es más fuerte, aparece el sexo y los problemas, las relaciones y las hermanas Teresa y Angelica Torrente. Y siguen las cartas, el viaje en motocicleta, y por fin el nombre del autor, o como tendría que hacer para confundir a los que prestan menores atenciones, se interna el nombre de Roberto Bolaño.

La tercera y la más afortunada, arma de huesos y pellejo la relación amorosa y sexual. El Manifiesto Mexicano, condensa actos furtivos y alucinantes en baños públicos. Y termina sin respuestas o finales concretos, dando abertura o espacio a una hoja más, donde el lector puede pensar: qué seguirá, a dónde irán. Con el paso del tiempo la remota implicación con la obra de Bolaño reiteradamente hará lo mismo que otras de sus obras –Detectives salvajes, Llamadas telefónicas, Putas asesinas, etc.– , leerlo para aminorar el efecto de  la vida.

Foto portada: Radio Zero

Leave a Reply

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.