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Ana Belen Tongo
Trujillo Beat

«Para el chico que amaba mis cabellos», por Ana Belén Tongo

En esta breve crónica de un amor al estilo trujillano, la escritora y periodista Ana Belén Tongo Ramírez cuenta las experiencias maravillosas que le dejó un muchacho que decía amarla plenamente y elogiaba en cada oportunidad sus cabellos largos, ahora ya cortos.

Me di licencia de no lavar los platos del almuerzo hoy. En esta oportunidad, escribir es una urgencia tremenda, ya no puedo esperar. Han pasado seis meses desde que terminó mi relación con un chico que manifestaba amarme. Me decía preciosa y, sobretodo, siempre elogiaba mi cabello largo. Un joven que incluso ahora me hace escribir estas líneas. Lo conocí personalmente durante una conferencia de prensa y mentiría si digo que me enamoré de él a primera vista. Lo nuestro fue un maravilloso afecto que fue creciendo paso a paso durante el rumbo profesional; como vivimos en la era digital, se fue alimentando de centenas de «me gustas» en nuestras redes sociales.

Todo inició en el 2017, cuando él decidió tocar mis cabellos y, pasado varios días, le pedí que no vuelva a hacer eso; sin embargo, semanas después, este mismo muchacho ya no tocó mis cabellos sino mis brazos y no me pude resistir. Su dulzura venció la distancia del tiempo que habíamos estado sin hablarnos.

Llegado el momento le hablé de mi interés por él, me arriesgaba a que me tomara a mal, pero le envíe un mensaje vía whatsapp para acordar una primera cita. Las dobles señales azules marcaban que había leído el mensaje y todas mis emociones crecían. No respondió durante treinta minutos. Se me hicieron demasiado largos, me parecieron eternos; sin embargo, luego escribió «también me pareces una chica muy agradable, reunámonos para conversar, tengamos una cita». Eran más las once de la noche y era la mujer más feliz de todo Trujillo, porque lo nuestro fue un amor a la trujillana.

En la primera cita, este chico que amaba mis cabellos, me llevó a un restaurante de comida china, luego nos sentamos en la Plaza de Armas a leer relatos y poemas y decidí tomarle las manos mientras leía y nuestros dedos permanecieron enlazados durante el resto de esa noche. Apenas nos dimos un abrazo al despedirnos, pero ya conocíamos que esa dulzura traería deseos y el romance siguió digitalmente, agregó que le encantaban mis ojos y mi voz.

Le escribí cartas a partir de nuestra segunda cita, donde seguimos conversando abiertamente y nos regalamos el primer beso. Comenzaba ese año con un nuevo trabajo y su ternura era precisa para pasar las noches, así que le escribí en cada una de las oportunidades que estuvimos juntos y él me dejo dos cartas acerca de sus sentimientos. Era maravilloso, compartimos poemas, caminábamos por el Centro Histórico de Trujillo, comíamos hamburguesas, helados, chocolates y charlábamos de todo, de periodismo, de política, de literatura, escritores y por supuesto de nosotros.

Inspirada en él también escribí y publiqué en una revista dos poemas breves que nacieron de mi interior. Ser correspondida era tan dulce y estaba dispuesta a dar lo mejor de mí misma y amarlo plenamente. Aspirábamos a tener dos hijos juntos e ir a París, conversábamos de ello; sin embargo, como todo es imperfecto, mis inseguridades salieron a flote y cuando postergaba demasiado nuestras citas le hacia sentir que me dejaba de lado, le comunicaba que su indiferencia me estaba afectando, quería ser totalmente sincera con él, mientras él pedía mayor comprensión.

Este chico que amaba mis cabellos es tan cordial, amable, tan formal y sincero, por ello es que hasta ahora me sorprende la forma en que finalizó todo. Yo lo acompañé durante las semanas grises que le tocó vivir por la muerte de su papá; intentaba comprender su inmenso sufrimiento por este hecho; aunque claro, yo no estaba en su ser. Intentaba animarlo, recuperar su alegría, robarle miradas y sonrisas, los mejores momentos que podía otorgarle y creía que ambos estamos dichosos por ello.

Ahora, luego de estar seis meses alejada de él, me arrepiento totalmente de no haberle brindado en el momento preciso esa comprensión que me pidió hasta en tres o cuatro oportunidades. Él terminó nuestra unión y con ello mi vida cambió. Ahora he decidido dedicarme a amarme y perdonarme a mí misma. Los días siguen sin su compañía y soy inmensamente feliz escribiendo estos párrafos acerca de nuestro amor.

Soundtrack: «Neruda» de Marciano

Por: Ana Belén Tongo

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