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Trujillo Beat

“No habría podido escribir estos libros sin el psicoanálisis y sin el periodismo”, Renato Cisneros

Renato Cisneros es, en estos momentos y sin contar a los Bryce, Vargas y Ribeyro, el escritor peruano más exitoso acá y en Europa. Siente Trujillo dialogó con él largo rato en el hall del hotel El Libertador de nuestra ciudad y la charla fue inolvidable.

Si alguien lo ve caminando por las calles, jamás imaginaría que es uno de los escritores más prometedores de Latinoamérica, que en el 2015 publicó un libro que ya ha vendido más de 30 mil ejemplares, que su obra está siendo traducida a varios idiomas y que este año su nueva creación recién salida de la imprenta arrasó en la Feria Internacional del Libro de Lima. Vestido de polo sin estampado, pantalón claro y zapatos deportivos, Renato Cisneros más parece disfrazado de un muchacho cualquiera. En más de una ocasión ha asegurado que no se cree nada del éxito y cuando le preguntan cómo nació su aventura literaria, solo responde que como un juego… nunca nadie le advirtió que así siempre empiezan las grandes pasiones.

Antes de ser escritor fuiste periodista y quienes hemos hecho periodismo sabemos que este oficio nos dota de esa cualidad por cuestionarlo todo, despierta nuestra curiosidad. ¿Qué tanto el periodismo tiene la culpa de que hayas decidido sumergirte en el baúl de los secretos familiares y escribir “La distancia que nos separa” y “Dejarás la tierra”?

Lo que te puedo decir es que no podría haber escrito estos libros sin el psicoanálisis y sin el periodismo, efectivamente. Por momentos yo tenía la sensación de que había estudiado periodismo y que lo había ejercido durante once años en una redacción solamente para poder escribir estos libros después. Hay momentos en ambos libros, aunque más en “La distancia” quizá, que la relación con los materiales es muy periodística: levantamiento de información, selección de entrevistados, por supuesto entrevistas a profundidad, trabajar con material de archivo, incluso discernir qué es lo importante de lo que no, lo pertinente de lo que no.

Sí, ha habido un manejo periodístico de determinados capítulos de “La distancia que nos separa”. Y en el caso de “Dejarás la tierra”, yo diría que el trabajo ha sido menos periodístico y más arqueológico, pero también ha habido manejo de fuentes, de documentación, etcétera.

En esa novela ha sido un trabajo casi prehistórico…

Sí. Más parecido al trabajo de un historiador que el de un periodista en el sentido de que “La distancia que nos separa”, por ejemplo, es un libro más contemporáneo, el otro es un libro más asociado con la historia republicana del Perú. Pero, es definitivo, yo no hubiera podido haber escrito estos libros sin el periodismo o sin las herramientas que el periodismo me ayudó a utilizar.

¿Y también fuiste blogger? Tu blog “Busco novia” era uno de los más leídos y comentados. ¿Qué crees que ganaste con ese blog?

Primero creo que lectores. Hasta antes del blog, para mí la lectoría era una entelequia, un concepto muy difuso, lo era para cualquier persona que trabajaba en prensa, estoy pensando en los años que no había redes sociales, por ejemplo. No había feedback, no había nadie quien te llamara a la redacción a felicitarte por un artículo; si te llamaban era para pedirte rectificaciones o para insultarte. La idea del lector era una idea muy difícil de encarnar o de asociar con un determinado público. Y para mí, internet, que también era entonces una plataforma que me generaba mucho escepticismo, me empezó a dar eso: idea de lectores, y creo que hasta ahora, felizmente, algunos de esos lectores que leían ese blog, se mantienen cercanos y encuentran la manera de comunicarse conmigo.

Así que yo siempre le voy a agradecer a esa etapa, independientemente de que haya escrito ese blog con afanes puramente lúdicos más que literarios y que incluso la publicación de un libro que recopilaba algunos textos del blog haya obedecido más a un capricho editorial que a una necesidad orgánica del autor. Lo que más le agradezco es haber conocido a los lectores, haber entendido la sensibilidad del lector y sobre todo comprender que todo texto termina finalmente no con el autor si no con el lector, que adquiere su sentido con el lector.

Eso es lo que dijo en su momento Santiago Roncagliolo, que hay quienes consideran al blog un género porque el lector es quien cierra el círculo de información y comunicación de ese texto multimedia digital que es el blog.

Además, dado el formato de los blogs donde los comentarios podían continuar y continuar y no parar nunca, también eso te daba la idea de un texto orgánico que no tenía fin. Uno está acostumbrado a que los libros empiecen y terminen, pero en internet, en la medida que siempre puede haber un comentario más, suscitado por el texto principal, te ayuda a entender que los textos nunca terminan, cosa que también ocurre con los libros. Lo que pasa es que el hecho de que tengan un inicio y un fin es simplemente una cuestión de formato, pero los libros no tienen un final real porque siempre habrá lectores que puedan seguir dándole vida a esa historia.

Hace unos días estuvo en la FILT, Javier Cercas, con quien tuviste un entrañable encuentro en Arequipa en el Hay Festival. Él manifestó que tras escribir “El monarca de las sombras” se liberó de un peso ¿Con “Dejarás la tierra” y “La distancia que nos separa” sientes que te has liberado de algo?

Yo no siento que la literatura sea terapéutica. Me cuesta imaginar a un autor que termina un libro y se siente del todo aliviado. Creo que, si bien puede ocurrir que hay alivio en un sentido, también se genera cierta inquietud porque efectivamente hay heridas que en la medida en que son nombradas son o empiezan a cerrarse, pero hay otras que empiezan a abrirse.

Has afirmado más de una vez que con “Dejarás la tierra” se terminó la saga familiar…

Cuando los libros son tan personales uno en realidad nunca termina de escribirlos, uno los termina para que los libros no terminen con uno. Estos libros yo los terminé, pero eso no quiere decir que la historia de mi padre, la historia de mi familia, se haya agotado allí. De hecho hubo cosas que yo supe después, tanto del “Gaucho” Cisneros como de mi familia que podrían hacerme pensar en una continuación, pero ya no tienen sentido. Todas las historias íntimas son historias que no se terminan nunca, historias que uno las escribe en un momento determinado y que tiene la intuición de que los libros que ha escrito representan su relación con el tema, pero que perfectamente uno podría no publicar nunca y seguir escribiendo toda la vida.

Las novelas no se terminan, se abandonan.

Sí, se abandonan. Y, es verdad, hay cierto alivio; pero cuando yo he terminado estos dos libros, por lo menos para hablar en el caso puntal de estos dos, yo no he sentido la satisfacción de la empresa culminada, ni la sensación de que el tema familiar se ha cerrado; probablemente no vuelva a escribir un libro más sobre mi familia, pero he sentido más bien una cierta aprehensión o la sensación de que quizá me estoy equivocando.

No ha sido cómodo escribir estos libros, ha sido menos cómodo publicarlos. Y, sin embargo, me parece que toda buena literatura tiene que surgir de la obsesión de un autor, de la incomodidad de un autor, la incomodidad respecto de su origen, de su procedencia, de su nombre, de su aspecto, de su lengua. Ser escritor es ser una persona incómoda, que hay algo en tu entorno que te incomoda, y yo espero que estos libros trasmitan, por sobre todas las cosas, incomodidad. Que la gente se sienta de pronto incómoda con la sensación de no saber si la historia de la que viene, si el relato familiar que ha heredado, son efectivamente una herencia transparente o más bien una herencia llena de sombras y de secretos.

En una entrevista, luego de publicar estos dos libros, afirmaste que amas a tu familia, pero que algo ha cambiado. ¿Qué ha cambiado, a qué te refieres?

Cambió la idea que muchos parientes tenían de mí. Hay gente que ha preferido dejar de comunicarse conmigo. Lo que cambió básicamente es la comunicación en un plano, hay relaciones que se han perdido… (silencio)

¿Hay familiares que no te quieren hablar más?

Que lo han dicho expresamente. Sabía que había lectores en la familia que no iban a ser objetivos con el libro y tenían todo el derecho de sentirse fastidiados o desengañados con el libro, pero no pensé que sus decisiones fueran a ser tan dramáticas o radicales. Pero, por otro lado, me ha acercado mucho más a mi familia más nuclear. Digamos que son cosas que ocurren, son cosas que tampoco deberían sorprenderme tanto.

¿Esperabas una reacción así?

No la busqué por supuesto…

Uno nunca quiere llevarse mal con la familia…

Sí, lo que pasa con los escritores es que cuando tú asumes tu vocación y sabes que el escritor para bien o para mal trabaja sobre todo con el terreno de la intimidad y cuya búsqueda a veces está mucho más conectada con lectores que no tienen nada que ver con tu círculo familiar ni tu contexto familiar, entiendes que la familia puede ser hasta un obstáculo. Siempre digo: nada peor para una familia que tener un hijo escritor, nada peor para un escritor que escribir libros que comprendan a su parentela. Uno tiene que traspasar la barrera de la familia para poder comunicarse con lectores que son mejores dialogadores o mejores lectores de tu obra. La familia nunca va a tener una lectura pura de los libros que escriba uno, así que si bien fastidian las reacciones, son perfectamente comprensibles.

Pero, además de una narrativa trepidante en ambos libros, hay párrafos que denotan reflexiones muy profundas, preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Noto un existencialismo, esa carrera por descubrir quién es uno y de dónde viene.

Me gusta como lector la literatura en la que los narradores no solo me proponen una historia sino también una reflexión respecto de esa historia. Hablábamos de Cercas hace unos instantes y él narra también en sus obras el metabolismo de sus historias, el proceso.. y le da al proceso un relieve dramático. A mí lo que me gusta es alternar historia con ideas y poder darle a las cosas que suceden en un libro también una dimensión o un filón psicológico.

Quizá por eso es que hay momentos en los que el narrador deja de contar para ofrecer una reflexión que no necesariamente tiene que coincidir con lo que el lector piensa, que más bien sería mejor que no coincida con lo que el lector piensa para que el lector también sienta esta perturbación. Pero así como lo disfruto cuando lo leo, cuando leo ese tipo de novelas, también trato de recurrir a ese método cuando las escribo.

Seamos sinceros, eres el escritor peruano cuya obra está siendo la más vendida y está siendo traducida a varios idiomas, como el relato de la vivencia de los escritores hispanoamericanos ¿Crees tú que son una veta importante los relatos de las historias muy personales o muy familiares?

Si uno las entiende como veta, creo que es un error. Si uno identifica que lo que más funciona es un determinado tipo de literatura y escribe eso porque es lo que más funciona, creo que es un gravísimo error, un profundo error. De hecho, si uno escribiese pensando en las tendencias o lo que más se vende en las librerías, debe escribir un policial o un thriller que es lo que más se vende, lo que más funciona comercialmente. Pero, a mí no se me antoja en lo absoluto escribir un thriller, primero porque el género policial siento que no tiene tanto que ver conmigo, aunque hay gente que ha calificado algunos de mis libros como un thriller familiar, pero me parece un exceso (risas).

Inventan géneros…

Sí, se inventan géneros para clasificar los libros. Uno tiene que escribir los libros que puede y que debe escribir, a veces ni siquiera los que quiere escribir porque cuando uno escribe lo que quiere escribir los libros son muy cómodos para quien los escribe y para quien los lee. Yo he escrito libros que he querido escribir, que son libros cómodos, que fue cómodo haberlos escrito y que son cómodos leerlos. Estos últimos son libros muy incómodos y quisiera en el futuro escribir solo libros incómodos.

En ambos libros está el tema de la distancia. El concepto de distancia parece que te ha sido útil en tu proceso literario ¿La distancia física y temporal es una aliada?

No ha sido algo intencionalmente buscado. De hecho la novela sobre mi padre se iba a llamar, mira esto casi nunca lo he contado, se iba a llamar “La historia del padre”, así de literal y de seca (risas). Un título probablemente pésimo, muy poco vendedor. Y el editor me dijo: el título está en la novela y tú no te has dado cuenta. Le dije en qué parte, y hay una parte que dice: para reducir la distancia que nos separa… Me dijo: este es, y efectivamente me convenció desde que él lo mencionó. Entonces, no es que yo haya pensado en el tema de la distancia desde un inicio.

Y en “Dejarás la tierra” la propia historia demandaba hablar del exilio, del destierro, del desarraigo, son temas vinculados con los personajes. En ambos, efectivamente, más que una distancia lo que hay es un narrador que se ubica en un lugar distinto del que se ubica el hijo o del que ubica el heredero digamos de esta tradición para poder contar desde allí.

Y ahora también estás en la distancia, vives en España.

Sin querer yo me he inscrito en esta coreografía familiar yéndome a vivir fuera del Perú, sin tratar de cumplir con un karma o cerrar ningún círculo o escapar de algo, para nada, ha sido todo tan casual que parece intencional. Si lo hubiese buscado, no me hubiese salido tan bien. Pero sí creo que la distancia te da mucha perspectiva. Siempre me gusta poner el ejemplo del pintor que retrocede dos pasos para entender el cuadro que está pintando.

Creo que la distancia geográfica te permite mirar tu país con ojos que antes era imposible que tengas para poder mirarlo. A nivel literario, creo que te exige, primero, divorciarte de tu entorno, nuevamente sentirte incómodo, sentirte un marginal, sentirte acogido en un país cuyos temas verdaderamente no te importan porque los temas que te importan están ocurriendo en un país que es el tuyo pero que de alguna manera tampoco sigue siendo el tuyo.

Haces honor a esa frase que dice “la literatura es la historia de alguien que llega a algún lugar”

Borges tiene un cuento fabuloso que se llama “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” donde dice: “Todo destino, incluso el más complejo, se reduce a un único momento, el momento en que un hombre sabe para siempre quién es. Creo que a veces escribir un libro te permite ubicarte en ese momento. Creo que toda persona que escribe lo que busca en el fondo es llegar a ese momento en el que sabe, por fin, quién es.

Entrevista: Valery Bazán y Paul Acevedo

Fotos: Guillermo Salvador Saldarriaga y Anthony Ibáñez

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