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César Chambergo Rojas en Navidad
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Navidad abrazando tus nombres, por César Chambergo Rojas

Noche de veinticuatro de diciembre. Durante la tarde había estado pintando sobre las letras de concreto en la denominación CHONGOS ALTO. Es el pueblo de mi padre, quien se hizo adulto para ir al pueblo colindante, Llamapsillon, y así formar una familia con Mercedes, mi futura mamá.

Cuando estaba en plena actividad, apareció una señora cuya aura material caló inmediatamente en mí. Estuvo tomando fotografías. La saludé con mucha confianza y ella correspondió. Dijo que se llama Felicia Sora y que había venido a dejar flores para Genaro Chanco; le dije que él fue padrino de mis padres. Nos tomamos una foto. Intercambiamos algunas informaciones. “Mi abuelo fue fundador de Palaco, tu pueblo”, dijo antes de despedirse.

Seguí pintando. La breve lluvia, pero con intensidad, interrumpió la faena. Al atardecer, y con cierta nostalgia navideña por mi familia íntegra que se encuentra en Cañete, al sur de Lima, seguía con la incertidumbre de dónde habría que pasar la noche. Fue entonces que apareció un señor de nombre Demetrio Cahuana, “soy tu tío”, dijo, y añadió, “yo estoy casado con tu tía Guillermina; pásame tu número para llamarte más rato; a tu tía le dará mucha alegría verte”, diciendo ello se fue.

Llegó la noche. Mis familiares enviaban fotos al grupo que tenemos en redes sociales ( nunca antes más humana) y yo estaba caminando sin propósito alguno. Entonces ahí fue cuando llamó el tío Demetrio. Me invitó a su casa y cenamos con la tía Guillermina. Mientras disfrutábamos de una cena caliente, ella iba contando aspectos desconocidos de la vida de mis padres, a quienes los recordaba con gratitud. Entonces comprendí que esa navidad era un gesto hacia ellos y que mi cuerpo solamente era un intermediario para que los tíos dijeran “tío Víctor, tía Mercedes, he aquí mi afecto por ustedes”. Salí conmovido. Era ya las ocho y cuarenta. Me fui al cuarto del hospedaje en la municipalidad distrital y estuve largo rato pensando en el recuerdo de mis padres, ahora, corporizado. La música proveniente de la iglesia, hacía más íntima la contemplación de la memoria.

Esta noche he pensado poco en literatura; pero sé que a partir de estas experiencias saldrá un poemario. Es la única certeza que tengo.

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