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“Me considero solamente un narrador que trata de encontrar formas de escribir historias”, David Salvatierra, escritor8 min read

David Salvatierra nació en Lima, pero casi toda su existencia la ha pasado en Trujillo. Es egresado de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Su vida la dedica al mundo de las letras, donde no solo se ha enfocado en escribir relatos y una novela; también ha sido partícipe en conferencias sobre libros y eventos literarios. Además ha ejercido el periodismo.

Conocí a David Salvatierra en una reunión en la casa de un joven escritor como él, durante los últimos meses del 2017.  Lo que me sorprendió fue sin duda su alocución, parecía tratarse de un intelectual consumado, un devorador de libros, una persona que tenía en la mente varias bibliotecas. Por supuesto, ese día intercambiamos algunas palabras. Luego lo vi en la Feria Internacional de Libro de Trujillo – FILT 2017; posteriormente me di cuenta que su silueta se perfilaba y luego se alejaba por una de las calles de la plaza mayor. Tiempo después decidí abordarlo y formularle varias preguntas que él gustoso, y sin complicaciones, aceptó a responder. 

¿Consideras algo singular que una persona de profesión economista, como es tu caso, se dedique a la literatura?

No creo que tenga nada de singular. Tal vez existe cierto prejuicio básico que dicta que sólo se dedican a la literatura quienes han estudiado letras; pero en realidad, detrás de cada escritor solo hay un lector, ciertos libros y experiencias, no un título profesional.

Se tiene entendido que a lo largo de tu vida has tenido la oportunidad de viajar por varios países del mundo. ¿En qué medida ello ha servido para tu formación como escritor?

Conocer otras culturas, otras formas de pensar, de ver las cosas y convivir en sociedad siempre ayuda mucho en la comprensión personal del mundo. Algunas experiencias en mis viajes me han dado algún material narrativo; sin embargo, creo que en mi formación de escritor lo fundamental han sido los libros más que cualquier otra cosa.

Se te ha visto participar en diversas mesas redondas, conferencias y conversatorios siempre vinculado al tópico de los libros.

Es interesante participar en este tipo de eventos sobre todo porque conoces a personas con ideas diversas sobre la literatura, con experiencias diferentes a las tuyas, autores que hacen una literatura propia y aportan una visión personal.

Háblame sobre tu libro de relatos “Lo que sé de mi madre”. ¿Cómo nació tu obra que está publicada bajo el sello de la conocida editorial San Marcos? ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Cuánto tiempo te llevó fraguar el libro?

Yo escribo cuentos desde mis años universitarios, cuentos que eran más bien borradores que escribía y abandonaba sin sacarlos a luz, hasta que un día me animé a participar en un concurso en el que tuve una mención; creo que a partir de ahí empecé a escribir un poco más en serio. Luego vinieron otros concursos, de la mayoría no saqué nada, de algunos saqué algo, pero lo importante era que en el camino iba escribiendo un cuento tras otro; hasta que un día, pasados mis treinta años, hice un inventario y decidí escoger los que funcionaran mejor… los releí y reescribí, y con unos quince cuentos bajo el brazo conversé con Mauricio Málaga, editor de San Marcos, quien aceptó publicarlos.

Respecto a tu obra “El sentimiento de la fuga”, ¿cómo nació el proyecto para armar la novela? ¿Hiciste como un catoblepas para forjar tu libro?

La idea del proyecto vino de Mauricio Málaga, quien me propuso escribir una novela de temática adolescente. Así que eché mano de algunos recuerdos del colegio para armar un relato, que es más bien una memoria; y es justamente así como la subtitulé cuando entregué el primer borrador: “Memorias de un escolar noventero”. La figura del catoblepas me parece acertadísima pues no tuve más que mi propia experiencia como material narrativo; tuve que revivir episodios que creía olvidados como punto de partida; episodios a los que sin embargo tuve que revestir de ficción para darle forma final.

¿Eres como Vargas Llosa, un autor disciplinado?

Para nada. La disciplina de Vargas Llosa se acerca al ideal de muchos escritores, supongo; pero en mi caso es solo eso, un ideal. Yo tengo que enfrentarme primero a mi horario laboral y luego a las distracciones del mundo. Lo más cerca, creo, que estuve de la disciplina vargasllosiana fue en el proceso de escritura de “El sentimiento de la fuga”, al que le dediqué todas las noches durante seis meses, después de trabajar, para terminarla en el plazo que me habían propuesto. Ahora escribo cuando puedo y como puedo, y debo añadir que también donde puedo. Empecé escribiendo con lapicero en papeles sueltos, luego a máquina de escribir, después en computadora y ahora uso el celular para anotar ideas que después trato de convertir en historias.

Alguna vez te dijeron que gracias a tu alocución reflejas el aspecto de un intelectual consumado. ¿Qué puedes decir sobre ello? ¿Te consideras así?

No, no creo ser un intelectual en el sentido estricto de la palabra. Alguien que genera ideas y crea debates, sí, algo soy. Me considero solamente un narrador que trata de encontrar formas de escribir historias.

En alguna ocasión se te escuchó que dilucidabas sobre algunas novelas de Roberto Bolaño. ¿Es uno de tus maestros o guías literarios? ¿Ha influido en tu formación como autor?

Aunque creo que Bolaño ha escrito novelas que son verdaderas obras maestras como “2666” o “Estrella distante”; el Bolaño que a mi más me interesa es el cuentista. Desde que leí los cuentos de “Putas asesinas” y “Llamadas telefónicas” he vuelto siempre a ellos; tal vez por mi propia naturaleza de cuentista. Regreso una y otra vez a “Gómez Palacio”, “El ojo Silva”, “Sensini”, “Buba”, “Henri Simon Leprince”. Si han influido o no en mi propia escritura es algo que no sabría decir.

¿Crees que la literatura se utiliza como un arma de revancha o ajuste de cuentas, o simplemente como algo lúdico, de divertimento en la persona que lo realiza?

Pues creo que se puede usar la literatura de las dos formas, según el tema o el momento en que el escritor se encuentre. Yo, al menos, empecé a escribir porque me divertía mucho, y aún lo hago; pero también he tenido etapas en que la escritura me ha servido como un ajuste de cuentas conmigo mismo, con alguna parte de mi vida.

Se conoce también que has tenido experiencias en el mundo del periodismo. ¿Durante cuánto tiempo sucedió ello y qué anécdotas te han marcado en el ámbito de la prensa escrita?

Cuando salí de la universidad me entusiasmaba mucho la idea del periodismo como fogueo literario, una idea no muy original, por supuesto, pues es parte del imaginario de cualquier joven escritor en cualquier parte del mundo. Así que por ese camino llegué al diario Nuevo Norte, donde fui redactor, primero de culturales y luego de locales. Era una redacción tan desamparada que había días en que me encontraba escribiendo notas ajenas, propaganda política, opinión, y a veces hasta diagramando las páginas. Recuerdo sobre todo la sensación de pánico permanente al momento de redactar porque las computadoras, que debían haber sido nuevas veinte años antes, se apagaban cuando les daba la gana y evaporaban la nota que estabas terminando. El entusiasmo me duró un año y desde entonces no he regresado al periodismo.

¿Cuál es tu percepción sobre el ambiente cultural literario en el país? ¿Ha mejorado o disminuido o se ha mantenido igual que hace una década?

Ha mejorado, definitivamente, hay un mercado editorial y una oferta cultural que antes no existía; han surgido editoriales independientes que les abren las puertas a escritores jóvenes fuera de Lima, todos los años tenemos una feria internacional del libro en Lima y otra en Trujillo, así que creo que hemos avanzado.

Finalmente, ¿cuál es tu parecer acerca de que una persona debe dedicarse a la escritura en una época donde la tecnología avanza vertiginosamente y donde se está más pendiente a las redes sociales que al disfrute de los libros?

Las redes sociales pueden ser la mayor fuente de distracción si uno quiere, pero también son una oportunidad de difundir lo que haces, de llegar a más lectores, de darles a conocer tu trabajo. Además, puedes aprovechar tu muro personal para escribir lo que piensas sobre cualquier tema, sobre cultura, política, fútbol, sin una preocupación editorial ni censura de por medio.

Entrevista de nuestro colaborador Guillermo Salvador Saldarriaga, Licenciado en Ciencias de la Comunicación

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