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Los detectives salvajes, la gran travesía de la literatura. Reseña de la enorme novela de Roberto Bolaño

“Por la mañana escribir, por la tarde corregir, por las noches leer y en las horas muertas ejercer la diplomacia, el disimulo, el encanto dúctil”. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño.

Considerada una de las mejores novelas de últimas dos décadas en Hispanoamérica; Los detectives salvajes es el punto de quiebre en la narrativa de Roberto Bolaño. Aquí el autor llega al esplendor de su talento literario plasmando con astucia y poder narrativo aquellos tópicos que venía abarcando desde sus primeros manuscritos; la vida del poeta, o mejor dicho la vida del artista de la pluma, confrontada con la realidad desafiante, decadente y desesperante que se vivía y aun se  vive en varias zonas de Latinoamérica.

Obras como: Pista de hielo, Estrella distante, Literatura nazi en América y Llamadas telefónicas son la más clara confirmación de ello; pero en Los detectives salvajes, la apuesta es mayor. No solo son las aventuras trashumantes de Belano y Lima y demás compañeros en un ambiente delirante como México y en otros lugares del mundo como España, USA, Francia, Italia, Reino Unido, Israel, donde el sexo, las drogas, la delincuencia, la desazón ante lo académico, la crisis existencial, la miseria, el amor, la amistad son los puntos en común cada vez que uno recorre y revisa sus páginas; también hay otro aspecto, no menos importante y que invade toda la novela, la verdadera pasión por la literatura. Aquella pasión que depara solo a los elegidos, los pocos afortunados; que llegan a cruzar el fuego inmolándose aunque aquello depare el desgarramiento de los sentidos:

“Seguía escribiendo y escribiendo, enrabietado o al borde del desmayo, y cada vez dominaba más los rudimentos del oficio”.

Manual para el escritor actual

Al mismo tiempo, Los detectives salvajes sirve como una suerte de guía de sugerencias o acaso un manual de conducta para aquellos que deseen o tengan la audacia de seguir el camino de la escritura:

“Disciplina y cierto encanto dúctil, esas son las claves para llegar a dónde uno se proponga. Disciplina: escribir cada mañana no menos de seis horas. Escribir cada mañana y corregir por las tardes y leer como un poseso por las noches…”.

Hipocresía

Aunque ciertos consejos o sugerencias, por muy poco honestos o éticos que sean, terminen derivando a conductas de sumisión o sometimiento con el fin de lograr un objetivo:

“Visitar a los escritores en sus residencias y abordarlos en las presentaciones de libros y decirles a cada uno justo aquello que quieren oír. Aquello que quiere oír desesperadamente…Un consejo: no criticar nunca a los amigos del maestro. Los amigos del maestro son sagrados y una observación a destiempo puede torcer el rumbo del destino”.

Escritor contra la dictadura

Es también la revelación del otro lado de la moneda del oficio literario; el camino oscuro por el que transitan aquellos creadores de la palabra, quienes por obra del destino terminan como disidentes y son humillados ante el poder dictatorial de turno:

“Tras un momento brevísimo de esplendor, en el cual escribió dos novelas (breves también) de gran calidad, no tardó en verse arrastrado por la mierda y por la locura que se hacía llamar revolución. Poco a poco le empezaron a quitar lo poco que tenía. Perdió el trabajo, dejaron de publicarlo, intentaron que se convirtiera en soplón de la policía, lo persiguieron, interceptaron su correspondencia, finalmente lo metieron preso”.

Delirio

A veces ese camino sombrío lo establece uno mismo debido a ideas delirantes que por muy buenas que sean pueden cambiar el destino prometedor de la literatura:

“Tal vez creyó, llegado el momento de que el nuevo Mariátegui retornara al suelo patrio, tal vez solo quiso aprovechar los últimos ahorros de su beca… Ni bien puso un pie en el aeropuerto de Lima cuando Sendero Luminoso, como si lo hubiera estado esperando, se levantó como un desafío tangible, como una fuerza que amenazaba con extenderse por todo el Perú… A partir de allí todo le fue mal. Desapareció la joven promesa de las letras nacionales y apareció un tipo cada vez con miedo…, un tipo que sufría al pensar que había cambiado Barcelona y París por Lima…”

Éxito literario

Finalmente, aquel paso que la mayoría de autores sueñan alcanzar, pero solo lo logran aquellos que tienen la valentía de lanzarse hacia el mar y seguir nadando contra la corriente hasta llegar a la otra orilla, la orilla del éxito:

“A los diecisiete años quería ser escritor. A los veinte años publiqué mi primer libro. Ahora tengo veinticuatro y en ocasiones, cuando miro hacia atrás, algo semejante al vértigo se instala en mi cerebro. He recorrido un largo camino… sigo trabajando con el mismo tesón que antes, sigo produciendo… Aún no he cumplido los treinta años y el futuro se abre como una rosa, una rosa perfecta, perfumada, única. Lo que empieza como comedia acaba como marcha triunfal, ¿no?”.

Queda claro que Bolaño, en Los detectives salvajes, no solo forjó una historia de jóvenes fascinados por la vida mundana ensalzada con la vocación poética; sino que quiso ir más allá, mostrar cómo en realidad se maneja el quehacer del artista de la palabra en lugares tercermundistas como los de Latinoamérica, más que todo. Para ello buscó hurgar en los abismos más profundos de la existencia del poeta y del mundo que lo rodea; pudo conseguirlo gracias a su propia experiencia y a la de aquellos que lo acompañaron por la gran travesía de la literatura.

De nuestro colaborador: Guillermo Salvador Saldarriaga

Foto portada: RTVE

Foto interior: Editorial Anagrama

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