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Fernando Iwasaki Cauti
Trujillo Beat

«Lo que hace fuerte a una lengua es su impacto en el mundo de la investigación», Fernando Iwasaki Cauti, escritor peruano y académico

El plan era entrevistar a Fernando Iwasaki Cauti minutos antes o después de su participación en el conversatorio ¿Existe una literatura panhispánica? encuentro que formó parte del XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española. El azar permitió que lo ubiquemos horas antes cuando transitaba rumbo a la Maestranza. Así fue como se dio esta charla con el enorme escritor peruano, caminando entre las encantadoras callejuelas del centro de Sevilla.

Mi nombre es Fernando Iwasaki Cauti. Soy escritor y profesor de la Universidad Loyola Andalucía. Vivo en Sevilla hace 34 años. Asisto al Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española primero como escritor; y en segundo lugar, porque soy miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua.

Fernando Iwasaki Cauti

Siente Trujillo: ¿Cuándo llegó a Sevilla?

Fernando Iwasaki: A Sevilla llegué en el año 1985. Aquí me casé, mi esposa es sevillana, mis hijos ya no viven con nosotros porque son mayores y trabajan y viven por su cuenta, lo que es una maravilla (risas). Mi esposa y yo vivimos en una casa de campo, en la Vega del Guadalquivir. Mi esposa es escultora, restauradora de obras de arte y yo estoy con la escritura y la colaboración en medios de prensa.

Colabora con el diario ABC

Escribo en ABC de Sevilla, escribo en El País a nivel nacional, colaboro con la radio Onda Cero también a nivel nacional. Eventualmente colaboro con El Mercurio de Chile y el diario Milenio de México.

¿Nuestro idioma goza de buena salud?, tomando en cuenta que es de los más hablados en el mundo junto al inglés y el chino

Soy un poco crítico con el tema de la salud porque el que seamos 580 millones de hablantes ó 700 millones de hablantes, a mí no me parece que eso suponga una fortaleza. A mí me parece que lo que hace que una lengua sea fuerte, de cultura, de ciencia, es su impacto en el mundo científico, su impacto en el mundo de las finanzas, su impacto en el mundo diplomático y su impacto, digamos, en el mundo de la investigación. Entonces, si somos muy muy exigentes, el español no está en esas esferas, y si está, ocupa un lugar secundario porque el inglés, el francés, el alemán, son las grandes lenguas del conocimiento, de la investigación, de la diplomacia y de las finanzas.

Eso se nota en varios campos profesionales y académicos cuando llegan nuevos términos, producto de nuevas investigaciones, estos términos llegan en otros idiomas, que no el español

Sí, pero ese no es el gran problema porque si los norteamericanos inventan Internet es lógico que haya palabras que se llamen web o email, aunque nosotros encontremos su equivalente en nuestra lengua. Ese no es el problema. El gran problema, para mí, es que todos los profesores universitarios del planeta, en este momento, estamos dentro de unos rankings mundiales que miden el prestigio y el nivel investigador de las universidades.

Entre las 100 primeras universidades del planeta no hay ninguna que sea de un país hispanohablante, ni siquiera entre las 200 primeras. Y se supone que somos millones de hispanohablantes, centenares de millones. Comprendo que el inglés sea muy hegemónico pero, por ejemplo Israel tiene 8 millones de habitantes y tiene dos universidades entre las 100 primeras del mundo. Algo hacen muy bien en Israel para que 8 millones de hablantes de esa lengua, muy pequeñita comparada con el español, tengan ese prestigio.

Lo mismo sucede con Noruega y Holanda, tienen, cada una, más de dos. Entonces ese es el gran problema, que para nosotros competir con estas universidades, para competir los profesores y para competir los investigadores, lo que tenemos que hacer es hacerlo en inglés. No podemos hacerlo en español, si publicamos en español no entramos en los rankings, tenemos incluso que publicar en inglés. O sea que si yo quiero publicar un artículo sobre el Inca Garcilaso y su relación, por ejemplo, con Góngora, un poeta andaluz del Siglo de Oro; si quiero que ese artículo cotice en la bolsa académica mundial, tengo que escribirlo en inglés.

«Entre las 100 primeras universidades del planeta no hay ninguna que sea de un país hispanohablante, ni siquiera entre las 200 primeras».

¿Y qué se pierde cuando se hace esa traducción?

Perdemos expresión. Yo, cuando mejor escribo, es cuando lo hago en español, cuando mejor hablo es en español. Puedo hablar en inglés, incluso puedo escribir en inglés aunque me va a costar más trabajo; pero donde tengo más riqueza de vocabulario, donde puedo ser más preciso, es en el español.

Cierto…

Entonces tenemos un grave problema los países hispanohablantes porque no estamos en ese gran mundo del conocimiento, de la ciencia y de la investigación. Eso no quiere decir que no haya hispanohablantes investigando, claro que los hay, pero lo hacen en otras lenguas.

Se realiza en Sevilla el XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española. ¿En qué beneficia a los ciudadanos hispanoamericanos este tipo de encuentros?

Las academias son instituciones que tienen un funcionamiento que a veces la sociedad no entiende. Es decir, la academia no nos dice cómo tenemos que hablar, la academia no puede ser una instancia política para el lenguaje inclusivo porque la lengua española tiene sus normas y luego los hablantes, cuando hablamos, somos capaces de seguir las normas o a veces transgredirlas. Por esa razón, lo que hace la Academia es recoger en las distintas ediciones de su diccionario, cómo estas palabras las hablan los hispanohablantes.

Por eso hay academias de Perú, de Ecuador, de Chile, de El Salvador, etc., para que los modismos propios de cada país estén representados por lo menos en el diccionario a través de las propuestas de estos académicos. Una academia es como una notaría del lenguaje.

La Asociación de Academias de la Lengua Española es otra instancia que lo que permite es que cada 4 años se celebren congresos como el que nos reúne aquí en Sevilla para que los académicos informen sobre los distintos trabajos en que están inmersos. Yo creo que hoy el gran reto es el tema de las nuevas tecnologías. Por ejemplo cualquier persona que nos esté escuchando en un mundo hispanohablante tendrá un teléfono celular, inteligente supuestamente, que cuando uno escribe un mensaje, por ejemplo en Whatsapp o en Telegram o en cualquier mensajería instantánea, los teléfonos te ofrecen completar la palabra y claro, el vocabulario de un teléfono, por más inteligente que sea, nunca va a ser el vocabulario equivalente al de un gran poeta, al de un gran escritor o de un buen profesor de nuestro idioma.

Fernando Iwasaki Cauti
Fernando Iwasaki gesticula. A la derecha, la escritora argentina Luisa Valenzuela, durante el conversatorio ¿Existe una literatura panhispánica?

¿La lengua española está cambiando estos últimos debido a su  inmersión en la tecnología?

Todas están cambiando, es decir, lo que nosotros estamos comprobando con el español, está pasando con el holandés, con el noruego, con el chino. Hay lenguas, además, que por haber estado aislados sus países durante siglos no tienen palabras. Pienso en el euskera en España, pienso en el japonés. Un japonés no dice “te quiero”, no tienen una palabra que explique el amor como lo entendemos en el mundo occidental, porque como en Japón, durante siglos se han casado durante arreglos familiares entre los padres, no existe ese fenómeno por el cual me enamoro de alguien, me caso con esa persona, tengo hijos y estoy toda la vida con ella.

Y a pesar de algunas carencias en el idioma los japoneses trabajan en la inteligencia artificial

Evidentemente, porque ellos tienen… bueno, la inteligencia artificial no está obligada a enamorarse de nadie (risas)

De momento

Probablemente descarten los robots esa posibilidad. Pero no existe una palabra que defina esto en japonés; por eso, cuando los japoneses quieren decirle a alguien que la aman, dicen I love you. La palabra que deben usar es Love, tomada del inglés directamente.

«Soy un poco crítico con el tema de la salud porque el que seamos 580 millones de hablantes ó 700 millones de hablantes, a mí no me parece que eso suponga una fortaleza».

¿Qué opina del uso de la lengua en redes sociales, teniendo en cuenta que la gente se informa y comunica a través de esos canales? ¿Afecta de manera positiva o negativa a la lengua?

Me faltan datos porque no soy un usuario de redes sociales, entonces la red social, me imagino, tiene un componente de instantaneidad y de velocidad que es lo que más seduce a la gente.

Cuando en los periódicos existía esa especie de correo del amor donde la gente mandaba un anuncio que decía “tengo tantos años, tengo este trabajo, quiero conocer a alguien”. Nosotros pensábamos quién se va a enamorar de alguien que ha puesto un anuncio en La Industria de Trujillo, pensábamos que eso era absurdo. Pues no era una cuestión de anuncio, era una cuestión de velocidad; pero hoy en día tú pones ese mismo anuncio, incluso con foto en Internet y a lo mejor en el día ya te han llamado 3 personas que quieren conocerte (risas).

Entonces, era una cuestión de velocidad, el papel era un soporte más lento, requería de canales que iban a una velocidad inapropiada. Hoy las páginas que ofrecen servicios para encontrar pareja o aventura son muchísimas, ganan un gran dinero y por lo tanto eso quiere decir que se puede conseguir algo anunciándose.

Diego Salazar dice que uno de los problemas que tiene el periodismo es someterse a la velocidad en la que, de manera inconsciente, la gente pide conocer un suceso. ¿La velocidad también afecta al lenguaje?

La velocidad afecta al lenguaje porque, por ejemplo, no solamente se trata de tener de inmediato una búsqueda sino que la gente trata de escribir cada vez más rápido y por eso los teléfonos completan los mensajes, por eso existen los emoticonos o los emojis, por eso la gente abrevia, no pone las tildes y todo eso empobrece el lenguaje. No es lo mismo escribirle a alguien “por la pérdida de su madre” que “por la perdida de su madre” (risas). Son dos cosas totalmente diferentes.

El sistema afecta al lenguaje, entonces

Absolutamente, es más, reduce la capacidad de expresión. Mis alumnos en la universidad, y estamos hablando de una universidad española, a veces escriben como en mensajes de Whatsapp y entonces eso a mí me parece que es una pobreza, un atraso. Y además les cuesta mucho escribir más de 5 renglones de cualquier cosa.

Montalbetti habla de que el lenguaje está afectado incluso por el sistema económico y político y que busca sacudirse de ello. Por ejemplo, él define a la poesía como un sistema más rebelde, afirma que una novela es como pasear en un barco donde ver todo el paisaje y un poema es como un submarino, no sabes lo que te puedes encontrar.

Sí, también, una novela es como tener un cónyuge y un poema es como tener un amante. Todo depende de cómo queramos verlo.

La replana…

Me encanta la replana

Con el tiempo se iba incorporando al lenguaje ¿Continúa esa tendencia?

Sí, lo que ocurre con la replana es que por ejemplo “calato” es una palabra que está en el diccionario y es una palabra que sólo usamos los peruanos. Uno dice «calato» en Ecuador o en Chile y nadie sabe lo que es. “Chompa” es una palabra que usamos los bolivianos, los peruanos y los chilenos, un poquito los ecuatorianos.

Luego hay palabras de la replana limeña como “mataperro” o nuestro cancionero criollo que está lleno de replana. El equivalente a la replana sería en inglés slang; y la jerga de cualquier lugar del mundo, “huachafo” está en el diccionario y es replana peruana. “Huachafo” no se dice en Chile porque se dice “siútico” y en Ecuador se dice “cholo” y en Colombia se dice “lobo” y en España se dice “hortera”.

Lo que está claro es que hay huachafos por todos los países de habla hispana (risas).

¿Sigue encontrando mucha similitud entre Sevilla y Lima?

Sevilla es una ciudad que tiene muchos rincones que recuerdan a La Habana, a Quito, a Lima, que recuerdan al Cusco. Por ejemplo la catedral de Sevilla sirve de modelo para la catedral del Cusco.

Puedes ver más entrevistas en Trujillo Beat. Aquí puedes conocer más de lo que fue el Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Entrevista y producción multimedia: Valery Bazán Rodríguez

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