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“Lo que busca mi trabajo ‘El Mundo Inca’, es conocer la verdad”, Carlos Tataje

Carlos Tataje ha podido realizar parangones constantes entre su ombligo y su experiencia europea; así es como ha parido “Fundamentos”, una obra necesaria para comprender nuestros orígenes incaicos.

Carlos Rómulo Baldwin del Castillo (Huanchaco, 1959) o Carlos Tataje es poeta, pintor, periodista y estudioso de civilizaciones antiguas. Cursó estudios de Ingeniería Química en la Universidad Nacional de Trujillo. Residió en España entre 1987 y 2006, donde dirigió por más de diez años el taller de grabado y pintura Forvm, de la ciudad de Vigo. En el 2002, recibió el premio Gastón Baquero convocado por editorial Verbum de Madrid, por el poemario Dedicatorias. En el 2009, por su poemario Epitafios (continuación del trabajo anterior) recibe el premio Copé de Plata, de la XV Bienal de Poesía de Petroperú.

Además, ha sido finalista del Premio de Novela por el 170 Aniversario del diario El Comercio y del I Concurso Nacional de Ensayo del diario El Comercio, así como de la XVIII Bienal de Cuento de Petroperú. Como periodista, ha sido productor general de Antena Norte, Canal 35 de Trujillo y dirigió, entre los años 2007 y 2009, el diario La Primera, en sus ediciones de Trujillo y Chimbote. Acaba de presentar en la FIL de Trujillo su libro Fundamentos (editada por la institución educativa Képler), primera parte de El Mundo Inca, investigación con más de treinta años de documentación histórica sobre la cultura incaica.

 

Epitafios, 2009. Con este poemario siento que conozco a Carlos desde siempre y no porque su estilo tenga una peculiaridad notoria, sino porque él mismo es varios estilos, o más precisamente, no es ninguno, pues todos los adopta de sus ilustres difuntos, tamaña empresa que le impone la ambiciosa temática de su libro. Ha presentado un libro de historia inca en la FILT.

Once de la mañana en día soleado, auditorio César Vallejo. Las sillas en la mitad izquierda del auditorio bullen de escolares, entonces tomo sitio en la mitad derecha. La presentación comienza puntual y poco a poco se expone el contenido del libro teniendo consideraciones especiales al mencionar la importancia del estudio de las culturas originarias mediante sus propias lengua y costumbres (obviamente, sin que esto afecte su cientificidad).

Finaliza la exposición. Me regalan un ejemplar de Fundamentos en el que Carlos firma un sobrio autógrafo y le invito a salir del auditorio. Fuera, el mediodía reverbera los cuerpos, pero salimos igual, ya convenidos para una entrevista y sin importar la resolana, la bulla, ni que he olvidado cargar la batería de la grabadora (cosa que él no sabe, ni sabrá hasta ahora).

Hola, Carlos. Presentas “Fundamentos”, la primera parte de El Mundo Inca, investigación en la que llevas más de treinta años. ¿Es un intento por reevaluar ciertos aspectos de la historia peruana?

Sí. Sobre todo, lo que busca mi trabajo El Mundo Inca, es conocer la verdad. ¿Cómo fue que funcionaba este mundo? ¿Cuáles eran las claves que lo dominaban? Y una de las cosas que uno se encuentra, o que encuentro yo en los muchos años en que he trabajado, es que hay muchas palabras que, simplemente, los indígenas no tenían, no las utilizaban y, en consecuencia, no podían formar parte de su pensamiento. Por ejemplo, la palabra caballo. Lógicamente, los incas no sabían lo que era un caballo, pero tampoco sabían lo que era un dios y eso se demuestra de múltiples formas.

Hace poco vi un documental excelente de un cineasta chileno, El botón de nácar y a una mujer onaona (o araucana) le dicen una serie de palabras. Sol, luna, nube, y ella las va traduciendo a su lengua, pero de pronto le dicen dios y la mujer se queda callada, pensando y dice no, aquí no tiene por qué existir. Hay muchas civilizaciones donde el concepto de dios como tal no existe como en los budistas. Los budistas no tienen dios.

¿Esta precariedad filológica dificulta la interpretación de la mitología y la leyenda inca?

Ojalá fuese, simplemente, que se dificulta. Peor que eso, se trastoca, se confunde y a veces, deliberadamente, nos quieren convencer que los indígenas eran seres inferiores cuando solo existe una raza, que es la raza humana. Pero no se trata solo de las limitaciones lingüísticas, se trata de un trabajo disciplinario, porque lo lingüístico nos da unas pistas, lo arqueológico, lo antropológico, los documentos históricos, cada uno aporta. Es como un juicio. Si quisiéramos saber dentro de cien años, cómo fue el gobierno de Fujimori, no vamos a decir la verdad la dice La Razón, la dice Caretas o El Comercio o la televisión tal o el señor cual. No. Hay que hacer un análisis muy complejo de todas las evidencias de distinta naturaleza.

Manuel Ballesteros Gibrois, el gran historiador español con quien trabajé más de un año en Madrid, dice en una de sus obras que la historia se hace con lo que se llama fuentes, que pueden ser muy diversas. Las fuentes lingüísticas son unas, están las antropológicas, las arqueológicas y todo tiene que encajar en un solo sistema, en un epistema. Eso es lo que yo procuro hacer, procuro que todas las piezas encajen en El Mundo Inca.

En El Mundo Inca, rescatas el trabajo de Manuel Ballesteros Gibrois, María Rostworowski y Raúl Porras Barrenechea, ¿cómo te inscribes en la tradición de estos historiadores?

Hay una cuestión que es, por así decirlo, la dimensión del trabajo. Qué importancia, qué trascendencia tiene; eso lo tendrá que decidir el tiempo y se enjuiciará por otros. Lo que a mi me interesa, es que yo me coloco en la perspectiva de estas personas y si lo hago mejor que otros eso se sostiene en el resultado del trabajo.
Lo fundamental para mi es que ellos tienen unas premisas muy claras en su teoría de la ciencia histórica que ayudan a comprender cómo se construye esta ciencia histórica. Yo recuerdo en una ocasión (esto lo cuento al final de este primer volumen) don Manuel, me dijo: “Mire, esto es como una escalera y cada uno va haciendo un peldaño. No crea usted jamás que es el último peldaño”.

Yo no sé si mi peldaño es chiquito o es grande, pero va en la misma escalera que viene construyendo, desde el siglo XIX, la corriente historiográfica más seria. Porque como sabes, tenemos versiones de los incas para todos los gustos: La única contradicción con solidez científica es esa que en nuestro país representa Porras Barrenechea y María Rostworowski.

Sobre los daños a la huaca Ventarrón y otros patrimonios históricos, como el geoglifo de La Orca en el desierto de Nazca.

Ese es un mal secular. Mira, hasta los años 50 del siglo XX, desde los años 40, el municipio de Magdalena cobraba a las ladrilleras una pequeña cantidad por cada adobe que se llevaban de las pirámides. O sea, nuestros adobes de las huacas se vendían a precio irrisorio y hasta era más barato comprar los adobes de las huacas que hacerlos: a eso es lo que llaman los franceses “un exceso de oro”. Tenemos demasiados restos arqueológicos comparados, casi con cualquier país. Estamos a la altura de Egipto, con la diferencia que ellos nos llevan varias centurias de ventaja en la exploración arqueológica y el estudio de su propio pasado.

Pero nosotros tenemos un exceso y nuestro sistema, nuestro gobierno, nunca ha tenido especial interés por esto y lo ha dejado perderse, ha dejado que pasen carreteras, que se derrumben restos importantes y realmente es algo muy difícil de detener, porque falta cultura, falta una mayor valoración de lo que nosotros mismos tenemos y esa es consecuencia, en gran medida, de esa óptica racista que nos han impuesto para intentar convencernos de que los incas eran un pueblo primitivo y que andaban medio calatos adorando al sol y que el más malo era el que le pegaba a todos y les mandaba. Esto era mucho más complejo. En el Tawantisuyo convivían 200 pueblos distintos  que juntos sumaban probablemente 15 a 18 millones de habitantes.

En la colonia, el exterminio sistemático de la cultura inca se ejecutó en distintos niveles, uno de ellos, la construcción de templos católicos sobre importantes centros de adoración incaicos, como son el convento de Santo Domingo sobre el Coricancha y lo que habría sido una huaca bajo el templo de San José, en Huanchaco. ¿Qué puedes decir al respecto?

Mira, yendo a Huanchaco te encuentras la iglesia de San José totalmente desubicada. Tú te preguntas ¿para qué está esa iglesia ahí? Esa iglesia está ahí para fastidiar a los indígenas. Indudablemente, ahí hubo un templo. Entonces, esta persecución, efectivamente nos viene desde los conquistadores y es toda una corriente, donde además en un tiempo se hablaba del deporte de huaquería. La gente, digamos, de la alta sociedad se iba, como quien sale a cazar, pero con su palanita  y sus cuatro indígenas para que carguen si se encontraba cualquier cosa de oro o una cerámica que iba a quedar de adorno para su casa. Todavía hay un enorme tráfico de nuestros restos arqueológicos en los mercados de medio mundo. Lo que aquí no vale nada, en el extranjero  pagan miles de dólares y nosotros no sabemos apreciar, no sabemos conservar y no sabemos dinamizar nuestros sitios arqueológicos.

Veamos lo que pasa en Chan Chan. Tenemos, a lo largo de la playa, no sé cuántas hectáreas de desagües y cloacas pero porque ahí es zona intangible no quieren que nadie se pare, como si eso fuese a malograr la huaca, cuando es al revés. La huaca, el centro arqueológico tiene que incorporarse a la vida social y cultural como sucede, por ejemplo en Lima, con la huaca Pucllana, que está dentro de Miraflores y puede uno almorzar dentro de ella, ¡qué lindo! ¿quién no va a querer ir a comer en un sitio así?

Nuestro patrimonio arqueológico está muy mal gestionado, aparte que no se invierte en investigación y exploración, ya que cuando llega un alcalde o cualquier autoridad, dice yo para qué voy a trabajar aquí, si esto va a empezar a dar frutos dentro de diez o quince años. El trabajo arqueológico es lento y esa es una de las razones por las cuales, nuestros gobernantes locales y regionales  nunca le dan demasiada importancia al tema.

Algún tiempo viviste en Barcelona, ¿qué opinión te merece la tentativa independentista de Cataluña?

Como sucede en la mayor parte de las guerras o de los conflictos (esto no ha llegado al extremo de desatarse una guerra, pero ha sido un conflicto social muy fuerte), para pelearse se necesitan dos. Hay mucho resentimiento en un sector importante de los catalanes, con respecto al comportamiento secular histórico de la corona (del poder central en Madrid) y, también, hay desconfianza mutua, una constitución mal hecha o concienzudamente manipulada. La gente se olvida que el rey Juan Carlos I, para hacer la constitución, eligió con su real dedo a la quinta parte de los miembros de la Asamblea Constituyente.

Imagínate si eso hubiese hecho Fujimori o lo hubiese hecho Castro, todos dirían ¡vaya tirano!, pero cuando lo hace un tirano con corona, crea ese tipo de resentimientos. Ahora todos dicen respeten la constitución, como si fuera sagrada, pero si esa constitución es claramente antidemocrática desde su propia génesis, ¿por qué la vamos a respetar? Hay argumentos de una parte y de otra, pero se hace evidente que los independentistas, han equivocado la hora, han equivocado los pasos, han equivocado su estrategia y el gobierno central simplemente ha aplicado las leyes y los ha expulsado del gobierno.

 

Entrevista de nuestro colaborador: Renatto Castillo Quevedo 

Fotos de nuestro colaborador: Roberto Flores Torres

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