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Esta es la reseña de “Un mundo lleno de futuro” de Leila Guerriero

Un mundo lleno de futuro – Diez crónicas de América Latina, así se denomina el nuevo libro de Leila Guerriero. Jesús Escamilo Jara realiza un breve análisis de lo que nos depara esta interesante colección de historias.

Para entonces -al finalizar el libro de Leila Guerriero- no se puede tener impedimento respecto a que la literatura y el periodismo, se entrelazan, y rompen recodos; y que quebrar todo formalismo es idóneo y la manera más cercana de acercarse a la fidelidad contexto-palabras. Es la crónica, un derecho único, poco solemne y transgresor. Al menos para los que les gusta que les cuenten las cosas.

Narrar, es intentar escribir. Contar de la mejor manera, es memorable. Pero escribir crónicas, desde luego, es amontonar situaciones, vivir hechos, anotar y seguir anotando; y claro, no desfallecer bajo ninguna presión. El periodista convive con la realidad que le toca vivir, y en “Un mundo lleno de futuro” (Planeta, 2017) los diez cronistas transponen las averiguaciones y la realidad vista, para servirse y ser narradores de historias resaltantes de América Latina. De pronto, el lector a situarse en las páginas es un pasajero desconcertado y vicioso, sólo queda avanzar, seguir, y terminar consumiendo todas las palabras de una de las crónicas, sea cual sea.

Es, de todas las formas posibles, un libro que alberga un sinfín de posibilidades. De momento las crónicas de este libro cruzan de país a país con cierta facilidad. El lenguaje es cómodo e íntimo, se torna fluido y esquiva párrafos aburguesados, como si la historia estuviese siendo contada delante de uno; y otra vez al lector solo le queda sumergirse en el desvelo de comprender que una crónica nunca termina de ser contada. Pero por razones de tiempo y páginas se debe solucionar con algún final. Si existe el punto de cierre en la historia, no se dude, es por dejar perseguir más comentarios,; más puntos de vista, “aquel dijo esto”. La casa también tiene una puerta principal que deja entrar y salir, y en las noches pestillo y candado.

Por lo que respecta a toda solicitud inicial, viajar desde el Centro de Salud de San Cosme (Perú) donde la tuberculosis, o la más resistente tuberculosis (MDR) se pasea a pie y con hambre, y se trata de entender la vida de un paciente que traga como si fuesen caramelos un promedio de once pastillas de lunes a sábado por seis meses. Y al final enterarse, estando flaquísimo: el tratamiento no da resultados. O por ejemplo otra crónica, la segunda, donde un pueblo con nombre de señora -Santa Rita (Brasil)- se acomoda entre la dicotomía de ser una gran ciudad especializada en tecnología, y no tener centros comerciales, o que no exista el 4G; además de su historia con el café.

En fin, son diez crónicas, las suficientes para no dormir y llevarlas bajo el brazo. Que sirven para investigar de ratones en Argentina y de un proyecto llamado Racotumomab; un mecanismo de palabras difíciles de pronunciar, pero que, para el cronista, homologó la distribución de sílabas con un más claro significado; al final se trata de una vacuna contra el cáncer.

Las otras siete crónicas que restan son repartidas por el continente: Paraguay, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay; y otra vez Perú y Argentina. La prosa entendida y conservada por cronistas, habla, y lo hace de frente. Un libro, igualmente hecho y soñado por una editora que afecta y conmueve -Leila Guerriero siempre sorprende- sino el lector no buscaría casi siempre la entrevista que realizó a Dorotea Muhr. Sea lo que sea, y véase de todas formas posibles; como un cubo de Rubik, o una inigualable revista, o de modo preciso un libro de crónicas; es la vida de muchos y de todos. Un promedio de 400 páginas, que deben ser leídas, para ser contadas.

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Un mundo lleno de futuro

Foto cabecera: Revista Arcadia

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