José María Arguedas no solo representa una de las cumbres definitivas en la literatura peruana, es también un faro para pensar el país desde dentro.
El concurso de cuentos y ensayos que promueve el Ministerio de educación es una gran oportunidad para replantear las mallas pedagógicas en aras de potenciar (y en consecuencia, crear conciencia) las humanidades.
La estructura actual es cuento para primero y segundo grado; ensayo, para los grados posteriores. Propongo que la fábula quechua y sus versiones en español, por su brevedad y capacidad de atracción, sería idónea para primer grado. En segundo grado se mantendría el cuento. En tercer grado, sería la poesía, porque ya se inician los estudios de teoría literaria y estaría bien complementado. No olvidemos que la poesía popular quechua tiene al amor como eje central; estaría en concordancia con las expectativas emocionales de la adolescencia. En cuarto grado el ensayo debería enfocarse en su obra narrativa, pues coincide con el estudio de literatura peruana. La visión integral, en términos de la educación básica, se culminará con el ensayo en su faceta de etnólogo, pues este campo permite abordar los vínculos y comparaciones culturales en todas sus formas. De esa manera, al abordar desde diferentes perspectivas, se estaría llegando a ese ideal de País de todas las sangres donde todos nos reconocemos como una pluralidad cultural y de tolerancia que tanta falta nos hace.
A MODO DE COLOFÓN
Los cursos de Educación cívica y Religión deberían tener un componente más integrador. Amar el país desde la teoría o respetar al prójimo desde la fe escrita en libros y desde el memorismo, no garantiza los conocimientos y sensibilidad social como una sola entidad. En su defecto, son cursos que deberían desaparecer y dar más cabida a la filosofía y a la antropología para desarrollar el tan mentado espíritu crítico que hoy sirve solamente para el discurso.
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