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José Bejarano López
Trujillo Beat

«La gente cree más en un periódico local que en un periódico nacional», José Bejarano López, periodista español

El periodista español José Bejarano López desgrana algunas claves de la industria del periodismo actual y la potencia de los nuevos medios locales.

Mi nombre es José Bejarano López. Tengo 68 años. Nací en Fuentes y me he criado a caballo entre Barcelona, Sevilla y Fuentes.  Estoy jubilado. Estudié periodismo en la Universidad de Barcelona. Fui periodista del diario La Vanguardia en Andalucía. No tengo creencia religiosa pero sí creencia política. Soy divorciado y tengo dos hijos que ya son mayores. Uno vive en Barcelona y el otro en Sevilla, así que lo tengo todo repartido entre ambas ciudades, toda la vida. Dirijo Fuentes de información, que es el resultado de una inquietud de periodista jubilado. Vi una necesidad de información y juego a ser periodista libre, ocasional y sin ánimo de lucro alguno. No hay patrocinios ni publicidad. Es un medio unipersonal.

José Bejarano López

Siente Trujillo: Vamos un poco por tu historia profesional en el periodismo. ¿Cómo llegaste a La Vanguardia, uno de los diarios más importantes de España y un medio que se ha posicionado bastante bien en Latinoamérica en los últimos años?

José Bejarano López: Bueno, mi experiencia en La Vanguardia es de 30 años de delegado de este medio en Andalucía, Ceuta, Melilla y África. Todo lo que era de Madrid para abajo era el territorio mío. Y ya la experiencia, muy positiva. Yo no puedo hablar mal del periódico La Vanguardia, ni del trato que recibí durante 30 años como redactor en plantilla. Tuve absoluta libertad, nunca me impusieron ningún tema, nunca me censuraron ningún párrafo.

Tengo que decir también, tengo que matizar también que eso no tiene ningún mérito tratándose de un corresponsal, un delegado en un territorio que está a 1000 kilómetros de los núcleos de poder y de intereses del medio y, por lo tanto, los temas que yo trataba no eran especialmente espinosos para los intereses de una empresa… y éso quizás explica que me haya dejado tanta libertad como la que he tenido durante ese tiempo.

Te dieron también bastante libertad porque sabías identificar aquellos hechos que eran informativos y relevantes ¿no lo crees?

Sí, claro. Yo tuve la peculiaridad de haber nacido en Andalucía, haberme criado una parte de mi vida en Andalucía, haber estudiado en Barcelona, haber estado 18 años viviendo en Barcelona; por lo tanto, tenía conocimiento de la forma de ser de la sociedad catalana, lo suficiente para, cuando me vine aquí, interpretar los intereses informativos de la sociedad catalana. Es decir, de los temas que interesan y que ocurrían en Andalucía.

Precisamente, en base a esa experiencia de conocer a ambas sociedades ¿cuál es la relación que encuentras tú entre la sociedad catalana y la sociedad andaluza?

Hay una constante que se mantiene, yo creo, desde hace mucho. No sé desde cuándo pero, desde que yo tengo conocimiento, existe. Es una relación de amor-odio-envidia entre Cataluña y Andalucía. Yo creo que es un poco entre Cataluña y el resto de España. Es una mezcla de admiración por la capacidad que tienen los catalanes de emprendimiento, de industrialización, de conciencia, de defensa de identidad de lo propio. Y al mismo tiempo un cierto sentimiento de rechazo hacia eso. Porque eso se viste de cierto complejo de inferioridad y provoca una reacción contraria a los intereses. Es una relación ambivalente, son como dos sentimientos encontrados, los que yo noto.

Es cierto que allí hay también un cierto poso de complejo de superioridad y de mirar por encima del hombro a los demás; entonces, la gente y los demás se dan cuenta de que los están mirando por encima del hombro y el rechazo está servido. Entonces, es una relación complicada, no es una relación fácil. Y ahora la situación y la conclusión, es lo que tenemos en este momento, que, alimentado por ser determinados sectores políticos, da un enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España.

De verdad que hay mucho mucho pan por rebanar allí. No quisiera desviarme mucho del tema de los medios pero sí me interesaba saber tu punto de vista sobre ambas regiones. ¿Cómo percibes la situación actual del periodismo en España? ¿Cuál crees que ha sido el andar de esta profesión durante las últimas décadas?

El periodismo en España está muerto. Prácticamente está desaparecido. No existe periodismo tal como lo entendemos los periodistas. Éso por qué ocurre, pues porque los periodistas estamos al servicio de unas empresas que han dejado de hacer periodismo. No es que los periodistas que hayamos dejado de hacer periodismo, a los periodistas no nos dejan hacer periodismo las empresas periodísticas

¿Y por qué no nos dejan hacer periodismo?

Bueno, la situación es muy compleja. La razón es diversa, hay varias causas. Una de las conocidas es la evolución de internet, el llamado periodismo ciudadano, la crisis económica; pero, sobre todo, yo creo que una de las cosas que han sido más determinante, más que internet, por supuesto, es la irrupción de intereses económicos en las empresas periodísticas, intereses económicos ajenos al periodismo.

Durante años, los periódicos, la radio, la televisión, han tenido siempre intereses económicos y políticos pero eran empresas periodísticas que trabajaban en sí y para sí, para hacer periodismo con interés económico y con intereses políticos. Pero su finalidad principal era el periodismo y la información. Su producto era la información aunque utilizaran eso para fines económicos o políticos ¿Qué ha pasado? Pues que a lo largo de los últimos 30 años ha llegado al sector del periodismo gente que no quiere hacer periodismo, quiere utilizar exclusivamente el periodismo para otros fines. Fabrican periódicos, fabrican radios, fabrican televisión, pero su negocio es otro. Éso ha sido demoledor. El principal periódico de España es un periódico en manos de un “fondo buitre”. Cuando ese periódico nació, lo hizo en el seno de una familia de un grupo que querían hacer periodismo y que querían impulsar la democratización del país. Éso ha desaparecido.

Hoy el accionariado de la inmensa mayoría de los medios de comunicación en España es ajeno al periodismo. El periodismo lo hacían empresas periodísticas, unos habían nacido como una imprenta, otros habían nacido como una hoja informativa publicitaria y luego fueron ganando peso en los contenidos informativos y de opinión.

El periodismo en España está muerto. Prácticamente está desaparecido. No existe periodismo tal como lo entendemos los periodistas.

Ese panorama que planteas define una crisis. ¿Crees que ha afectado mucho la credibilidad de las personas respecto a los medios?

Lo ha afectado todo. Ha destruido la credibilidad. Al no fabricar periodismo, tú tienes un medio de comunicación que no hace periodismo, si tú no haces periodismo, el público no es tonto, inmediatamente sabe que tú le estás vendiendo un sucedáneo de información que tiene otros intereses. Entonces, la gente sabe perfectamente lo que está pasando con los medios de comunicación y te identifica con intereses económicos, te identifica con intereses políticos, pero no con sus intereses como público.

Yo cuento siempre una conversación con el redactor jefe de un periódico de Sevilla que se quejaba amargamente diciendo “Mira Pepe, yo no sé para quién hago el periódico. Cuando yo estoy haciendo el planillo del periódico de mañana, tengo que estar pensando en los intereses de mi empresario, las fobias y las filias de mi director, la incapacidad y las limitaciones de mi equipo de redacción, y mis propias limitaciones… En lo último que pienso es en el lector”.

Entonces, si un planificador de un periódico en lo último que piensa es en el lector ¿qué esperas recibir a cambio? Lo que finalmente tenemos es: la falta de credibilidad, la falta de eco en la sociedad y éso a la gente no le interesa. Luego decimos que la culpa la tiene internet, las redes sociales, la crisis económica… No, no. La culpa la tenemos los medios de comunicación y los periodistas que estamos fabricando chatarra informativa y que queremos que nos la paguen a precio de oro. Si fabricas chatarra, vas a recibir precio de chatarra. Si fabricáramos oro, podríamos pedir el pago de oro, pero eso no le interesa a las empresas.

Mencionaste internet, que está en la ruta de esta charla. ¿Cuáles crees que son los efectos que ha tenido la evolución digital en las salas de redacción de los medios? ¿Cómo has percibido esa mudanza de los periodistas de escribir pensando sólo en el papel -en los espacios que la publicidad le permite- mientras que en internet ese espacio es mucho más amplio?

A ver, internet al periodismo lo ha zarandeado, lo ha dejado descolocado totalmente. Yo creo que las cosas están empezando a cambiar, después de un periodo más o menos largo de desconcierto y de odio extremo o abrazo extremo, sin término medio. Yo creo que la balanza empieza a equilibrarse relativamente. ¿Qué es internet al periodismo? Es la democratización de la información, todo el mundo tiene acceso a la información, todo el mundo puede informar. Pero no podemos olvidar la cruz de la moneda, es también la democratización de la mentira, de la manipulación y del desconcierto. Entonces, primero solo veíamos la cara de la moneda. Ahora, la sociedad está empezando a verle la cruz a esa moneda, que es la desinformación, los bulos, las mentiras que circulan mucho mejor que la verdad y que la información contrastada.

Entonces, todo ésto, como ocurre en casi toda la sociedad, es un péndulo que va de un extremo al otro. La sociedad ha pasado del entusiasmo al descrédito y empezamos a ver cierta revalorización del periodismo. ¿Y por dónde empieza esa revalorización del periodismo o esa recuperación de cierta credibilidad de cierto papel social del periodismo?. Precisamente en los medios locales. A grandes medios, grandes intereses.

Es más difícil enfrentarse a un interés grande que a uno pequeño

Y además es mucho más fácil manipularlo. Los últimos sondeos de opinión que se están haciendo sobre consumo de medios de comunicación y sobre credibilidad te dicen que los medios locales son hoy, en España, los más creíbles por la sociedad. La gente cree más en un periódico local que en un periódico nacional. ¿Por qué?. Porque la gente no es tonta y sabe, primero, si un periódico local le habla de lo que esa sociedad percibe de forma directa; sabe si es verdad o es mentira porque lo está viviendo en su pueblo.

Yo he echo una crónica de un espectáculo en el Castillo de Hierro. La gente que estaba allí sabe si es verdad o mentira lo que yo he dicho; pero si yo escribiera una crónica de un espectáculo en Valladolid, la gente de aquí no sabe si es verdad o mentira o si está manipulado.

Has mencionado dos aspectos importantes: cercanía y contrastar. La cercanía permite que la gente contraste algo, aunque no esté muy enterada. Es el hecho de que la gente pueda ir a ese lugar y pueda conocer lo que sucedió…

Yo tengo que ser mucho más fidedigno con la realidad porque si yo miento, cuando mañana salga a la calle me van a decir “es mentira lo que has contado porque yo estuve anoche allí y lo vi”. Eso en un gran medio de comunicación no es posible.

Entonces, la gente sabe perfectamente lo que está pasando con los medios de comunicación y te identifica con intereses económicos, te identifica con intereses políticos, pero no con sus intereses como público.

Eso te genera compromiso con la gente y con la realidad.

Eso no me genera compromiso, ese compromiso lo he tenido siempre como periodista. Yo no he ido a los sitios a mentir.. Cuando empezaron los primeros movimientos de descrédito de la profesión, lo he sufrido yo en mis carnes. Cuando yo iba a un sitio a hacer un reportaje, antiguamente, hace años, nadie me decía, “yo no hablo con los periodistas porque mentís, porque decís mentiras”, no sucedía éso. Hace 20 años cuando yo iba a un sitio y decía “soy Pepe Bejarano de La Vanguardia, vengo a hacer esta información”, la gente decía “pues, venga” y me contaba las cosas.

Llegó un momento en el que cuando yo decía “soy periodista” la gente reaccionaba sacando las uñas y decía “yo no hablo con los periodistas que sois unos mentirosos y luego contáis lo que os da la gana”. Y yo no tenía otra cosa que decirles “¿tú crees que si yo quisiera contar lo que me dé la gana, iba a venir a 300 kilómetros a hablar contigo?. Para contar lo que a mí me da la gana me quedo en mi trabajo y lo escribo directamente en la redacción. Si vengo hablar contigo es porque quiero contar lo que tú dices”.

Cuando hablo del compromiso del periodista, y te agradezco la aclaración que has hecho, me refiero a lo que pasa actualmente. Salvando las distancias con el periodismo de datos, que es una especialidad relevante y que, gracias a la democratización de la información, permite, gracias a fuentes oficiales y al scrapping de datos, elaborar una noticia; aparte de eso, hay periodistas que no salen de la redacción y su compromiso directo con la gente se esfuma.

Ese es uno de los males actuales del periodismo.

Todo este panorama que nos has explicado ha dado origen a nuevos medios nuevas iniciativas, nuevos emprendimientos periodísticos. Y también están los medios unipersonales. Tú has creado un proyecto informativo que considero fascinante y constructivo denominado Fuentes de información. ¿Cómo nació la idea y cómo te está yendo?

Como te lo comenté antes de la entrevista, la idea es que es simplemente un divertimento, a partir de la constatación de que hay una demanda de información como consecuencia, principalmente, de la pandemia. La gente no sabe qué está pasando en su pueblo. ¿Cuántos casos hay hoy? Pues no lo sé ¿Y cuántos hubo ayer? No lo sé. Y no son sólo datos porque el periodismo, yendo un poco a la pregunta anterior, el periodismo no sólo son datos. Los datos son fundamentales en el periodismo pero también son fundamentales los sentimientos, las percepciones, las interpretaciones de esos datos, los contextos… entonces, la gente, uno de los fenómenos que me he encontrado al crear el periódico es que la gente empezó a compartir en las redes sociales unos cuadros con los datos. Nuevos casos, 10; altas, 2; incidencia, 180 por cien mil, y ya está.

Cuando yo hice las primeras informaciones, e independientemente de que pusiera los datos, intentaba sacar conclusiones de esos datos. Y hubo gente que en las redes sociales me dijo “¿y por qué no titulas con los datos?”, yo le contesté “porque los datos no son lo único que explica la realidad, también la realidad es que llevamos 2 semanas sin bajar o una semana bajando”. Entonces, lo que quería decir con todo esto es que la gente, en las redes sociales, se conforma con la superficie, con lo aparente, con el escaparate y no entra a lo que hay debajo.

Con los titulares

Una función fundamental del periodismo local que yo estoy experimentando, y que no había hecho nunca, es la alfabetización mediática. La gente no sabe leer periódicos, no sabe leer información, se ha acostumbrado a leer redes sociales, al ataque, a la broma, al chiste, pero sin sacar conclusiones de los datos, no profundiza en lo que está pasando, ni contextualiza, ni relativiza, ni interpreta, y por supuesto no contrasta con otros medios. “Yo me informó por el grupo de whatsapp que tengo con mis amigos o mis antiguos compañeros del colegio”, “¿y tú cómo te informas?”, “no, yo estoy perfectamente informado por el whatsapp”.

Por el whatsapp uno no se informa, Uno tiene una comunidad en whatsapp o en Twitter o donde sea perfectamente adaptada a tu personalidad, pero esa no es la realidad, esa es la realidad que tú te has fabricado en tu entorno más cercano y que te puede estar mandando una interpretación equivocada de la realidad. Con lo cual estás viviendo en un mundo ficticio porque te has creado un mundo dentro de una comunidad que se llama whatsapp con antiguos compañeros del colegio o con quien tú quieras. Pero la realidad es otra, la realidad está afuera de esa burbuja informativa que tú te has fabricado a tu medida. Y eso, o lo rompemos los medios de comunicación y los periodistas, o nos quedamos con una sociedad totalmente manipulable y sin cabeza ninguna.

Luego de lo sucedido con Trump, lo que viene sucediendo con Vox, por mencionar dos casos conocidos, la verdad es que cada país tiene líderes políticos que se basan en informaciones que no son reales.

Si no son informaciones reales no son informaciones, son mentiras. (Sonríe).

José Bejarano López

Hay profesionales y agencias de información que se están dedicado a éso porque es rentable. Obviamente apelan a la emoción. Martin Baron, exdirector del Washington Post, entre otros importantes directores de medios norteamericanos, llegó a la conclusión de que la gente ya no cree en los hechos. ¿Tú crees que eso se podrá revertir?

Yo creo que sí. Yo soy uno de los convencidos de que vivimos en una sociedad que se mueve por la ley del péndulo, vamos de un extremo a otro. De pronto descubrimos cualquier fenómeno nuevo y no sabemos hacer otra cosa que éso; luego nos damos cuenta de que no y nos vamos al extremo opuesto; entonces, en algún momento, esto tendrá que ser reversible.

¿Cuál es el papel de los medios en eso? No lo sabe nadie, nadie ha encontrado la varita mágica. Pero al final la sociedad va a necesitar siempre unos referentes que le organicen el caos, que le expliquen el mundo en el que vive, que interpreten los hechos y se lo muestren lo más fidedignamente posible porque la realidad como tal no es transmisible, pero sí una aproximación. Entonces, yo no puedo estar en todas partes, aunque me lo crea a través de internet. Es mentira, no puedo estar en todas partes, necesito que haya unos profesionales que estén allí y me lo cuenten y yo me lo crea. Tenemos que recuperar el pacto entre el periodismo y la sociedad. Un pacto en el que todos sepamos cuáles son las reglas y todos las cumplamos.

Nuestra función no es sólo una profesión con fin de lucro y económico, yo no vivo de esto y para esto únicamente, si no que tiene una vertiente social de servicio porque el derecho a la información es elemental. Si no tengo información de lo que está pasando casi seguro de que me voy a equivocar en las decisiones que tome, no sólo políticas, en cualquier ámbito. Desde comprar una lavadora hasta lo que como mañana, si no tengo una buena información el riesgo de que me equivoque al comprar la alimentación, al prevenir un coronavirus, al elegir unos representantes, lo más probable es que me equivoque. Y además, más sospechoso todavía, es cuando llegas a la conclusión de que la desinformación es buscada, provocada, por quienes quieren que tú no sepas lo que está pasando.

Al respecto, Elda Cantú, editora de noticias para Latinoamérica del NYT, y lo engarzo a lo que acabas de mencionar, explica que la gente está buscando información útil, además de la información que le permite conocer qué está pasando en su entorno.

Hay palabras que son antagónicas y palabras que son redundantes. Información útil es una redundancia, si es información es útil, si no es útil no es información. Igual que falsas noticias, si es falsa no es noticia, y si es noticia no puede ser falsa. Entonces, hay términos que no se deben usar. Información útil, la información por definición tiene que ser útil. La gente tiene que volver a a recuperar la confianza y el convencimiento de que la información es útil. Si no tiene información, está infrautilizando todas sus capacidades y todas sus posibilidades de desarrollo humano, cultural, económico. La información siempre debe ser útil, sea para fabricar una mascarilla o para saber cuántos contagiados de Covid-19 hay hoy.

Hace rato hablaste que vivimos en una época de caos y sucede que hay que volver a explicar los conceptos porque tal parece que se han perdido o confundido. Una última pregunta que fue tema debate en Trujillo ¿existe en el periodismo ciudadano?

No, el ciudadano siempre ha sido fuente de información pero nunca ha sido periodista. El periodismo no es encontrarte un accidente, hacer una foto, subirla a una plataforma y ya se es periodista. No señor, eso no es periodismo, eso es un dato, una información que tú tienes y has encontrado un canal por el que difundirla, pero periodismo no es éso. Éso es reducir el periodismo a una parte del periodismo.

El periodismo es una profesión, tiene unas reglas y unas normas éticas, con unas reglas de estructura, de jerarquización de datos, de contextualización, de interpretación.

Pero al final la sociedad va a necesitar siempre unos referentes que le organicen el caos, que le expliquen el mundo en el que vive, que interpreten los hechos…

¿Qué le ha sumado el periodismo a tu vida?

Uuff, eso es complicado de contar. Yo no quería ser periodista, mi vocación no era periodística. Mi vocación era más de servicio que de periodismo y el periodismo me ha dado la posibilidad de que mi trabajo tenga una utilidad social. Enseñarle, mostrarle a la gente aspectos de la vida, intentar explicarle al mundo, a mí me da la satisfacción de intentar iluminar algunas facetas del mundo en el que estamos. En lo personal, el periodismo me ha dado la oportunidad de desayunar un día con un ministro, almorzar al mediodía con un narcotraficante y cenar por la noche con un presidiario. Luego de, por la tarde, haber estado dentro del coche con un traficante de drogas con la pistola en la mano. Eso, poca profesiones te lo permiten. Dar ese viaje en 24 horas en la escala social a velocidad supersónica, pocas profesiones te lo permiten.

Probablemente ninguna

A mí me expulsó el ministro del interior de Marruecos y una semana después estaba cenando en su casa. Él no sabía que me había expulsado de Marruecos y que yo, una semana después, estaría cenando en su casa.

¿Te pidió disculpas?

Él no sabía nada de mí, ni yo le dije nada. Eso fue una satisfacción interior y pensé “hace una semana me expulsaste de tu país y hoy estoy cenando en tu casa” (ríe).

Están acostumbrados a echar gente

Yo no le referí el incidente. Yo fui a Marruecos a hacer una serie de reportajes sobre migración, en Taurirt. Nos detuvo la policía, al fotógrafo, Emilio, y a mí. Nos expulsaron, nos pusieron en la frontera y nos dijeron “ustedes no vuelven más aquí porque han entrado como turistas y no como periodistas”.

Regresamos a Sevilla. Curiosamente, una semana después, el presidente de la Junta de Andalucía va de visita oficial a Marruecos y me voy con él en avión a ese país. Una de esas noches, el Ministro del Interior, Driss Basri, ya fallecido, nos invita una cena a toda la delegación andaluza en Rabat y yo me moría de risa y pensaba “¿tú sabes quién soy yo?”. Alguien a quien hace una semana habías expulsado por la frontera.

Entrevista: Valery Bazán Rodríguez

Conoce la web informativa de José Bejarano López en: https://bit.ly/3C9avsf

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