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Diagnóstico del exilio
Trujillo Beat

Diagnóstico del exilio en Barcelona. Por Valery Bazán R.

En Trujillo no tenía alergia a nada ni a nadie, ni el polen, ni el polvo, ni las mañanas tristes causaban efecto alguno en mi cuerpo, nada de mucosidad ni estornudos, eso era cosa de organismos débiles o extremadamente sensibles. Yo no era fuerte, nunca lo he sido, pero al menos mi hiperactividad creaba anticuerpos que me defendían de enfermedades comunes. El agua estancada es tóxica, el agua en movimiento no es tan peligrosa como parece, podrías beberla sin temor a morir por envenenamiento.

Pero esa historia ha cambiado, en Barcelona algunas manías han llegado a mi diario existir. La ansiedad se ha vuelto una compañera rutinaria y algo cabrona y estoy en la labor de expulsarla de a pocos. La migraña, debo aceptarlo, ataca algunas veces pero lo hace con furia, por la retaguardia, y por culpa mía. Las grasas, el alcohol o el estrés, incontrolables por mi voluntad, hacen que indeseables dolores ataquen mi testa, hormigueen mis sienes, martillen mi coronilla y aprieten con mala leche el corazón de mi cerebro. Salgo a correr menos que de costumbre, casi nada, ayer subí cinco plantas por una escaleras que no me simpatizaban mucho, tuve que hacerlo dos veces, al llegar hasta arriba, hasta al aéreo aparcamiento, mis apretujados pulmones se doblaron junto a mí para poder descansar tras el esfuerzo realizado.

Cuando al fin me llené del aire necesario para poder seguir caminando, vi a mi izquierda, a lo lejos, a la luna, estaba vestida de plata, guapísima, serena, calladita, cómplice. Me erguí como por un milagro, me enderecé ipso facto, es que uno tiene que mantener una imagen, o como dice la canción ‘antes roto que doblarme, antes muero que dejarte’. Con la dignidad hecha añicos, retaceada, por culpa de mi falta de físico y ausencia de ejercicio corporal, me dispuse a sentarme en el coche y respirar con calma a esperar el regreso de mi alma que se había quedado aún en la planta dos en un descanso de esas escaleras interminables. O quizás se quedó apoyada en la mesa de billar de la discoteca donde,  mientras jugaba una hilarante y destornillada partida, recordé a mis grandes compañeros de la universidad en gloriosas noches de juego cerca a la universidad.

Por algún lado se habrá quedado esa alma desalmada y extenuada por la falta de footing y marcha. Ya volverá.

Recuerdo haber respondido siempre con un “No” casi rotundo ante la pregunta ¿Valery fumas? Ayer me fumé seis cigarrillos en un día, para los fumadores viciosos esta cifra es de risa escandalosa, de burla, de ridículo absoluto, para los no fumadores es una señal de alarma. Lo digo con conocimiento de causa porque personas que conozco, y que pertenecen a estos dos grupos, me lo han dicho tal cual. Como peritos en el tema del tabaco se han aproximado a mi oído y me han hecho notar que estoy en el humeante limbo entre ser fumador o no fumador. El asunto es que en cualquier restaurante o bar me da igual si me sitúan en la zona de fumadores o no fumadores. Después de cenar no ardo en deseos de salir al balcón a por un pucho. Sigo siendo, en el fondo, un simple fumador social que socializa compartiendo su humo con los no fumadores que me aprecian y que a pesar de ese vicio se sientan a mi lado o conversan conmigo de cualquier tema de gran irrelevancia que, al fin y al cabo, suele ser muy entretenido y más relajante que hablar de la crisis, la del dinero, cuando en realidad hay mayores crisis en los corazones de los que habitamos esta esfera. Ojalá, cuando los Rockefeller y todos los del Club Bilderberg mueran, renazcan en el cuerpo de un palestino en la franja de Gaza o sean obreros chinos y trabajen doce horas diarias sin vacaciones ni sindicatos. Así, y solo así, sabrán lo que es en realidad una crisis.

Las mujeres son el azar, son una moneda lanzada a una fuente de los deseos, son milagros de cuando en cuando, son bellas cuando quieren, son espadas cuando se lo permites.

Soy cokero, me gusta la famosa Coke, la coca cola de toda la vida, nada de light, ni sin cafeína, ni cojudeces de ese tipo. Una coca cola muy fría en el momento adecuado te hace olvidar que eres terrícola, manda el calor a la mismísima, reduce las ansias, anula el deseo de una garganta seca. Vamos, que la coca cola no está tan mal. Y si es en lata mucho mejor.

El café con leche es una droga altamente adictiva, y el capuchino ni se diga, no lo recomiendo, bebes uno y luego querrás beberlo a diario, cada mañana al levantarte, como si fuera un ritual del cual no puedes desprenderte sin antes desfallecer, qué necesaria se me ha vuelto esa leche espumosa con café y aroma de nube.

Algo que no ha cambiado en mí ha sido mi constante amistad con mujeres, mis mejores amistades han sido mujeres, me he llevado bien con ellas y también han sabido apuñalarme sin piedad, han sido pocas pero han sido. En la universidad renuncié a la amistad de tres compañeras de la facultad, nunca me lo perdonaron, yo pensé que solo el desamor era causante de las peores zozobras en la lengua de la persona ofendida, pero una amistad rota también tiene astillas. Estaba equivocado, cuando decidí no ser más amigo de ellas, bombardearon mi pasado, rajaron con chismes rastreros mi dignidad (la poca que tenía), esparcieron por los pasillos y las aulas sapos y culebras sobre mi vida. Nunca me afectó. Pero cuando una amiga te sabe querer, está allí siempre, sin licor ni billar, como lo suelen hacer los amigos. Las chicas saben ser incondicionales  amigas, infatigables madres, inseparables compañeras, abnegadas esposas, pero no todas saben ser íntegras. No sé si me explico, tampoco quiero que me entiendan, pocas sabrán de qué hablo, casi ninguno sabrá a qué me refiero.

Debe suceder lo mismo con los hombres, pero de eso que mejor escriba una mujer. Las mujeres no son todas iguales, allí esta lo hermoso, en eso radica lo doloroso. Las mujeres son el azar, son una moneda lanzada a una fuente de los deseos, son milagros de cuando en cuando, son bellas cuando quieren, son espadas cuando se lo permites. Una mujer puede hacerte sentir rico en un instante y miserable al día siguiente. No recomiendo el exilio a quien no esté preparado, no recomiendo prepararse para nada, solo recomiendo estar preparado para cada instante, solo eso, sugiero ver bien qué suelo pisan y que aire respiran. Tan sencillo como eso.

Por: Valery Bazán R.

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