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Carol Sigüeñas Rodríguez
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«Cómo cuidar de la primera infancia en esta cuarentena», Carol Sigüeñas Rodríguez

Como especialista en Educación Inicial y Neuroeducación, Ana Carol Sigüeñas Rodríguez brinda pautas para potenciar las capacidades de los más pequeños de casa durante la cuarentena.

La primera infancia que comprende desde el nacimiento de un niño hasta los 8 años (UNESCO), es una etapa fundamental para el desarrollo de sus capacidades. La neurociencia nos ha permitido conocer que en los tres primeros años de vida el cerebro forma nuevas conexiones a una velocidad asombrosa; por ello, es importante que en este tiempo de cuarentena tengamos algunas estrategias para ayudar a potenciar su crecimiento. ¿Estamos preparados como padres para esto?

La capacidad de adaptación de un niño es más probable que la de un adulto, pues su mente libre de prejuicios e imposibles y, llena de esperanza, creatividad e imaginación hace que esta cuarentena sea una nueva forma de vivir. Quizás muchos de ellos vivan el confinamiento con impaciencia y ansiedad como los padres o adultos de casa, pero ellos tienen una gran capacidad para adaptarse a situaciones nuevas; en la mayoría de los casos, el problema está más en los padres.

Hay tres aspectos importantes que debes preservar en estos momentos, aspectos que necesitan nuestros hijos: protección, nutrición y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente.

1. Protección

Lo más recomendable ahora es no sacarlos de casa. Aunque el Estado haya decidido dar libertad a los padres para sacar a sus hijos por media hora diaria, recuerda que ellos son un vector de transmisión alto; pero, esta protección no termina con el hecho de no salir, inicia hacia adentro.

La protección incluye que ellos tengan dosis afectivas diarias, que sientan un clima amable y libre de reacciones impulsivas o mal genio y, también, porque no decirlo, ver a sus padres quizás tristes o derrotados siendo capaces de levantarse y seguir adelante. Qué lección de amor más grande sería ésta y, que estoy segura se viene viviendo a diario en los hogares.

La protección también incluye los cuidados de su higiene, recuerda que tú eres el ejemplo de tu niño, así que por favor no andes en pijama todo el día o despeinado. El desarrollo de las capacidades de un niño no sólo está en lo innato, es decir, lo propio del desarrollo físico, sino también, en lo adquirido (lo que imita), ambos influyen en las conexiones neuronales.

2. Nutrición

¿Sabías que el 75% de cada comida sirve para desarrollar el cerebro de tu hijo en los primeros años de vida? Pues sí, por eso, nuestra sociedad ha emprendido distintas campañas alimenticias como la lactancia materna y la lucha contra la anemia; pero, es una verdad que hay desigualdad de oportunidades en varios aspectos del desarrollo. La alimentación no escapa a ello, seguro estás pensando “bueno, en mi casa no falta la comida” y, qué bueno; pero, la nutrición también involucra buenos hábitos a la hora de comer, rutinas ordenadas y aprendizajes de autonomía ¿Cómo te va con eso?

Este tiempo de aislamiento es un buen momento para corregir esos detalles, crear rutinas alimenticias desde el lavado de manos antes de comer, sentarnos a la mesa, utilizar cubiertos, entre otras cosas; pero, sobre todo, crear un ambiente de unidad y afecto. Todo lo bueno para el cerebro está ligado a emociones positivas, es decir, ¿comer con alegría o tranquilidad es más beneficioso para el cuerpo?, pues ¡SÍ!

He visto muchos padres de familia corretear a sus hijos pequeños con un plato en la mano con el fin de que coman o darles de comer para no ensuciar más de lo necesario. También, he visto padres con los ojos desorbitados porque están pensando constantemente que sus hijos morirán ahogados o atragantados. Bien, este es el momento de un autoanálisis y, comprobemos que tan asertivas son estas estrategias para estos hábitos. Muy al margen que le gusten las zanahorias o no, por ejemplo, es importante evaluar cómo estamos ejecutando estas rutinas. Si damos la misma solución al problema no estaremos solucionándolo en verdad.

Enseñarle a comer de todo también es un gran reto, hay que saber que las generaciones de ahora tienen o vienen con ciertas situaciones sensoriales; así que, si de repente no quiere comer algo por textura, olor o incluso intolerancia física o alergias, está bien, siempre y cuando puedas reemplazarlo por otro alimento, recuerda que ningún extremo es bueno.

Carol Sigüeñas Rodríguez

3. Estimulación

A través de la neurociencia, día a día, descubrimos la gran importancia que tiene estimular a nuestros hijos desde pequeños. Durante los primeros años de vida, el cerebro posee una especial capacidad de aprendizaje, gracias a su plasticidad neuronal. Esta característica debe ser bien utilizada en bien del desarrollo de los niños. Pero ¿que áreas debemos tomar en cuenta? Hay algunos aspectos básicos que necesitamos conocer para ayudar a mis hijos: lenguaje, motricidad y cognición.

La motricidad encierra una gran cantidad de elementos como motricidad gruesa, motricidad fina, equilibrio, direccionalidad, lateralidad, planeación motora, integración sensorial y relajación, entre otros.

Hay una serie de ejercicios básicos para potenciar estar área. El primero es, y te pido que lo repitas conmigo, “mi hijo es capaz de hacerlo”. Y es que el mayor error que cometemos es hacerles todo, les alcanzamos todo y en algunos casos los mantenemos cargados gran parte del día, cuando son pequeños y cuando crecen, por nuestros propios temores. Les evitamos realizar ciertas acciones, pero, como adulto debo evaluar si es capaz de hacerlo o si esta acción está en desarrollo y debo permitírselo.

Todos los ejercicios siguientes vendrían a ser los realizados con nuestra habilidad de desplazamiento. Por ejemplo, ejercitarnos caminando, gateando, reptando, saltando solos o trasladando algunos objetos, dar pasos laterales, jugar a la pelota lanzándola, pateándola, recibiéndola.

El área motora también se fortalece con las actividades cotidianas como: poner la mesa, servir el agua, barrer, ordenar las cosas, doblar la ropa, desgranar un choclo o escoger el arroz. Todas estas actividades fortalecen la autoestima y la autonomía y crean lazos comunicativos.

Sí, es verdad, mientras más ejercitemos nuestra motricidad desde pequeños nuestro lenguaje se potencia. No pierdas nunca la comunicación, el diálogo es fundamental para aprender nuestro lenguaje. Te has preguntado por qué los japoneses hablan japonés o porque en India hablan hindi; es tan sencilla la respuesta que te sonreirás, porque en ese lugar todos hablan ese idioma.

«…¿comer con alegría o tranquilidad es más beneficioso para el cuerpo? ¡Pues sí!». Carol Sigüeñas Rodríguez.

Bueno, cuando proporcionarnos al niño un contexto y estímulos adecuados para el aprendizaje del lenguaje, él lo aprenderá. Toma en cuenta hablar “normal” y no utilizar muchos diminutivos. No desesperes si al inicio es un monólogo. Llegará el momento en que empieces a tener respuesta, todos tenemos nuestro propia forma y tiempo de aprender.

Tanto el lenguaje como la motricidad involucran una serie de funciones cerebrales que tienen relación con la atención, concentración, razonamiento, planificación, iniciar y terminar algo, tomar decisiones, flexibilidad, etc. Todas estas funciones se ejercitan a través de estas áreas y potencian el desarrollo cognitivo de nuestros hijos.

En mi experiencia profesional he podido comprobar que el inicio de una adecuada, temprana y oportuna estimulación es trabajar fervorosamente la psicomotricidad. No dejes de hacerlo. Permítele desplazarse y ser autónomo, es lo más beneficioso para la adquisición y potencialización de sus capacidades.

Hace poco leí en un artículo de Unicef acerca de la primera infancia y tres términos importantes que tomaré hoy para hacer esta comparación. Seguro han escuchado del libro o viste la película “Comer, rezar y amar”, la analogía para nuestros niños es “comer, jugar y amar”.

En este libro se narra cómo la protagonista hace un alto en su vida para disfrutar lo que realmente quiere. Me pregunto ¿Qué quieren realmente nuestros niños? Ellos realmente saben vivir, con tres sencillas palabras “Comer”, lo que en sus palabras puede ser: -delicioso, Mami! “Jugar”, como una característica innata, natural e indispensable para su vida; y “Amar”, ellos no ponen condiciones, no discriminan a nadie y saben perdonar y voltear la página.

Mantengamos en lo posible un corazón de niño, sólo así entenderemos plenamente su mundo.

Artículo de Ana Carol Sigüeñas Rodríguez. Directora Académica del Centro Terapéutico Otra Nota y docente de Educación Inicial, especialista en estimulación musical y magister en Educación infantil y neuroeducación.

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