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Trujillo Beat

Amores nocturnos e imposibles: 1 de diciembre. San Valentín para Jesús Escamilo

Autoficción. Jesús Escamilo.

Más o menos dice así: muchas veces en la vida emprendí el estudio de la metafísica, pero siempre me interrumpió la felicidad. Aunque nunca fue así, al menos no en mi vida. Fue Borges quien dijo esa frase, eso creo o eso me hicieron creer, pero ya no tiene importancia ni para volver a decirlo por segunda vez.

Lo último que recuerdo de aquella noche es que se fue, y tampoco era noche. Nunca más regresó. Reunió las monedas que cayeron de su bolsillo, debajo de mi cama estaba su sostén, no sé, creo que también sus bragas de color blanco –aún puedo ver su clítoris mojado, sediento y liso-; pero escribir desde el recuerdo después de aquel primero de diciembre del año pasado, deja oscuridad y es lo más propicio. Su nombre, su nombre ya no viene al caso. Digamos que se llama M y yo me llamo Jesús o Alejandro o podría ser un número. Ella es M y yo 1.

Siempre puede ser ayer. Los días que siguieron después que M se alejase, andan unidos, como un relato que describe la vida de una actriz porno, siempre destacable por el lenguaje, el proceso visual: maridaje de sexo con cualquier situación. Y en cuanto a M, no hay remedio, el relato trae un violento montaje, un día, una cama, dos cuerpos, y una batalla errante que ya terminó. Abro mis manos, fumo uno de los pocos cigarros que quedan dentro de la cajetilla Lucky strike; es 14 de febrero, queda resumir muy poco, hoy seguro M estará con alguien más, provocará a algún hombre, lo llevará a la cama y si sigue siendo la misma también lo olvidará.

No se puede estar en contra de su forma de ser, yo he sido así, todo el mundo también es así, aunque aún no lo sepan. Sin embargo, la antesala de nuestro encuentro cae para abrirse paso. Luego… solo la vida, ni tristeza ni nada, solo una pelandusca y larguísima vida.

Fue mas o menos el día de cumpleaños de Almendra, una de mis mejores amigas. A ella la conozco de la universidad. Aquel día cumplía 27 años, horas antes había discutido con su enamorado –un tipo que me tiene cólera por el simple hecho de que Almendra, de vez en cuando, dice que me extraña-, un malentendido a causa de un papel que cayó en el suelo, y significó un pleito.

El papel en cuestión era una carta, porque dejó de ser una fotografía por el mismo hecho de tener un mensaje en el revés; y así, la actual relación de Almendra se arruinó por una relación anterior a esta. Para aumentar la corta y exagerada tragedia, ella tenía que presentar un último trabajo en la universidad, y me pidió que la ayude. Llegó a mi casa pasada la hora del almuerzo, no comió nada, estuvo unas tres horas conmigo mientras terminaba su trabajo y cada vez que llama a su novio, este cortaba la llamada.

Al final se fue al departamento donde viven y lo esperó, él llegó y con las mismas se fue, lo sé, porque me lo dijo por celular y también me dijo que si quería hablar con ella mientras cenábamos una parrilla o algo parecido. Dije sí, y nos vimos en restaurante de parrillas que está dentro del Real Plaza, un centro comercial donde siempre me parece que si existe alguna catástrofe la gente irá a parar ahí.

Empezamos a esperar que llegue la cena, y mientras llegaba la ensalada, Almendra revisaba su celular, llamaba a su enamorado, le daba una importancia única, estaba, creo muy enamorada. Al poco rato, me dijo, va a venir M. Anda, hace mucho tiempo que no la veo, dije, y era cierto, a M la había visto muy poco, era la amiga de Almendra, una amiga muy cercana, con la cual había salido una vez y hasta me gustaba mucho; al poco tiempo de nuestra única salida, yo regresé con mi exenamorada, M estuvo con un tipo, creo que un policía, y no nos volvimos a ver.

Llegó M, no hubo resplandecimiento, no se marchó el cuerpo de su estructura natural, no sucedió ni mierda, ningún indicio que alerte lo que iba a venir. Nos saludamos, empezamos a hablar; Almendra estaba en otras, no deja de pensar en su enamorado, de contar cómo se conocieron, ese rollo yo me lo sabía, pero M no, y por momentos mientras escuchaba a Almendra, miraba fijamente solo por molestar a M, ella se daba cuenta, y hacía lo mismo.

Terminamos de cenar, y creo que fuimos los tres caminando al departamento de Almendra. Estuvimos buen rato, dos horas en donde escuchamos música. Ellas reían, yo escuchaba, y seguía inquietando la tranquilidad de M, sabía que no era indiferente, incluso parecía disfrutar mi atención hacía ella. De ahí que, cuando tuvimos que ir cada uno a su casa, me enteré de que estaba alquilando un cuarto que estaba muy cerca, a dos cuadras y media de mi casa.

Compartimos el mismo taxi, en el camino charlamos muy poco, estando solos yo era menos aventado. M bajó del taxi, yo bajé después de ella, estando afuera de la pensión unos tipos pasaron por la calle del frente, seguro estaban drogados, parecían estarlo porque se cagan de risa mirando casas. M, que estaba afuera de la casa –yo nunca supe en cuál cuarto vivía-, se despidió de mí, yo quise besarla, pero no lo hice; de hecho, solo lo pensé una vez, y fue dentro del taxi. Al día siguiente hablamos, al otro también, y seguidamente por cualquier ridiculez buscamos tema de conversación.

Por otra parte, días antes del primero de diciembre, M intuía que me gustaba, un día me preocupé tanto por ella que hasta le invité desayuno en plena hora de almuerzo. M tenía que ir a una de sus clases en la Universidad Nacional de Trujillo, y a pedido mío fue por mi casa a beber un poco de yogurt con cereal; mi preocupación o mi gusto por M iba en aumento. Almendra también se daba cuenta, pero no decía nada.

Entonces el día 1 de diciembre empezaba, habíamos quedado en procurar ser diligentes con un poema de Neruda, la cuestión en su mejor contexto: desfragmentar un poema de aires comunistas de Neruda para la clase de redacción y derecho III de M. Así empezamos, llegó más de la diez de la mañana a mi casa, vestía un short, zapatillas, un bonito bividí que dejaba ver sus largos brazos, sus senos también estaban a la vista, estaban sometidos, apretados, pidiendo auxilio, peleando por salirse de ese sostén, los dos a la vez. En cuanto entró a mi casa, subimos al tercer piso, el trabajo, disque de crítica literaria, nos esperaba.

Mi cuarto olía a café, casi siempre expende un olor a café, M entró y al instante nos pusimos a dialogar del poema. Veinte minutos frente al ordenador, y el poema que parecía confuso iba accediendo a tener forma, nuestra tarea era desmembrarlo línea por línea. Accedimos a lo que teníamos a disposición, algunos libros míos de historia del comunismo, otros poemas de causas políticas, debates de la segunda guerra mundial, y algunos datos que resultaban ciertos en Internet, nos quedaba contrastar la información y darnos por bien entendidos.

Al cabo de un rato, M tenía sed, me pidió un poco de agua, yo le ofrecí un poco de desayuno. M terminó desayunando en mi cuarto; 1, dime por qué te gusto, me dijo M. Yo me quedé callado, luego respondí que éramos muy diferentes, pero aún así me seguía gustando. Con placidez ella no dejó de mirarme, terminado el desayuno fui a dejar la taza y el plato donde traje los panes –fui camino a la cocina-, de regreso no pude más y besé a M, no lo pensé ni una vez, lo hice y ella me dijo que fue un buen beso porque no se lo esperaba. Otra vez estuvimos trabajando en el poema, pero no fue igual, nuestras ganas o mis ganas estaban bajo la dosis de seguir besándola, hasta ahí no la había tocado.

La dejé frente al ordenador, las notas que describían el poema estaban en una hoja en mi escritorio, y me tumbé a la cama. Ella creo que se aburrió y también se tumbó a la cama. Ya echados los dos, empezamos a hablar cara a cara, aunque yo seguí besándola. Llegado a este punto, la besé más y me revolqué o giré encima de M, para luego estar sobre ella, ya no tenía sus senos tan lejanos. Pero me aparté enseguida, ella hizo lo mismo.

Al principio no íbamos a ceder, pero ella abrió la boca, y mi corazón no dejaba de palpitar fuertemente –hasta ahora sigo usando todas las metáforas posibles para describir cómo vivía mi corazón cuando la besaba, y ninguna funciona; tendré que usar mi lenguaje, pero no encuentro explicaciones-; 1, el otro día que estuve en tu primer piso me dio ganas de estar contigo, quise cacharte, tengo ganas de tirar, dijo M. Terminé sorprendido, no esperaba que dijese eso. Carajo. Carajo.

Pensé un rato, y M se dio cuenta, y no volvió a decirme nada. Vamos 1, vayamos a almorzar, empezó a decir. Entonces la besé, el puto corazón se me salía con cada beso que nos dábamos. Se levantó de la cama y cuando estuvo a punto de salir de mi cuarto, empecé a buscar sus brazos, sus senos, su piel. Su reacción fue alejarse por un segundo, y cedió luego que estuviésemos arrinconados en la puerta. Se desnudó, la vi, putamare´ ya estaba jodido. A menudo el sexo y el amor no están en un mismo cuarto; tampoco era amor, quizá era mejor no saber qué era.

Nos encontrábamos desnudos, volvimos a la cama, M agarró mi pene. Yo no dejaba de mirarla. Yo no supe qué hacer. Fue como si estuviera frente a una mujer por primera vez. Nos acostamos, entra en mí, dijo M. Un gran error, mi cuerpo no soportó tanto, sufría de un ataque en el corazón, se escapaba y aún estaba entrando por su vagina, su miembro era inquietante tenía una forma perfecta para que mi pene se hunda. A medida que avanzábamos, M se dio vuelta, me dejo ver su culo, puso otra vez mi miembro en su vagina que ya estaba húmeda. Y seguimos maniobrando nuestros cuerpos por un rato. En ese instante, cuando solo podía ver su espalda y su culo, supe que no me iba a venir, supe muchas cosas, por ejemplo: que se puede morir mientras penetras a una mujer.

Al final no me vine. Intentamos hacerlo dos veces más, y no pude o mi cuerpo no sabía cómo reaccionar. M se duchó, nos besamos, me dijo, bésame aquí, afuera no nos pueden ver. Hace tiempo que estoy sola, entiendes 1, sí, dije. Nos volvimos a besar en el primer piso, agarré sus nalgas por un momento antes de salir a almorzar. En el menú, seguimos hablando, su tarea, el fin de ciclo en la universidad, mi trabajo en una revista cultural de Cajamarca.

Al final nos despedimos, quedamos en vernos otro día, no fue así. Posteriormente llegó mi cumpleaños me emborraché pensando que debí hacer otras cosas, no la amaba solo disfrutaba cuando estábamos juntos y me sucedía que quería verla otra vez. El 1 de diciembre no bastó. A pesar de que hasta ahora no vuelvo a ver a M, hace dos días hablamos, nos escribimos por mensajes en Whatsapp. Me preguntó por un libro de política, M estaba en Cajamarca disfrutando los carnavales, yo intentando averiguar quién es realmente C. Gálvez.

Cuestionamientos

M, puede ser cualquier persona. Puede ser María, Maruja, Mercedes, Magdalena, puede ser el mismo Mar.

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